El rostro de la desesperanza pintaba de colores, un rojo de fuerza, azul de sueños, blanco de libertad y negro de llanto.
En aquella calle vacía, caminaba el solitario rostro olvidado por todos; el rostro del bufón.
Aquel payaso caminaba sin fuerzas por un sendero de ventanas cerradas, de murallas infinitas y azul de cielo inalcanzable. En algún rincón de su cotidiano pantano, desarmaba su mascara de perseverancia, la mascara de tiempos con aroma de inocencia, de risas estremecedoras y un futuro de sosiego………
En la calle de los venturosos indagaba la experiencia con deseo de ser escuchada. Deseaba tan solo un pequeño espacio para descansar sus débiles alas consumidas por los años, pero la insensible masa ignoraba sus deseos. Caminó entonces ofreciendo dulzura a cambio de un poco de supervivencia y la masa seguía sin percatarse de aquel yugo de la miseria.
Decidió así sentarse en una esquina del mundo, donde no estorbara el sendero de la masa.
Y allí se encontraba sentada la experiencia, mientras unos ojos de cristal frágil observaban con impotencia aquel rostro de desgracia y soledad…………..
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