Guardo el silencio entre las páginas de un libro
porque el lenguaje tiene palabras que se perciben
aún sin mi voz.
A veces mis sentimientos se evidencian como gotas
que parecen de cristal
ausentes de miel que sólo conoce los destiempos.
Mi corazón me ha impuesto sueños.
Sueño hasta el amanecer de los recuerdos
y, vuelvo a soñar
cuando el atardecer del pensamiento se inmola
delante de mi alma que los abarca.
Inteligente augurio de ser y continuar siendo:
Sigo, siempre sigo porque las dimensiones no me diseñan.
Mis sueños sólo son existencia abstracta,
reclaman espacio para que la materia los inmortalice
después de realizados.
Aún en la vida de los sueños
la materia es parte de la química, y del envase,
que los origina y los posee.
Soy materia químicamente variable en el transcurrir
de cada instante.
Por eso siento, por eso lloro y río, por eso vivo.
El tiempo presente del verbo contiene la vida.
Mi conciencia se disfraza de espectador,
sin voces ni suspiros.
Vivir, razón de haber nacido. |