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Inicio / Cuenteros Locales / panchin / Alfonsina y el mar. Su despedida.

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Esa manana, Alfonsina, se vistio con su traje blanco y se puso el collar de fantasia que su papa le regalo en su cumpleanos. Luego se prendio sobre su pecho el alfiler de oro que su amado con la promesa de amor eterno le habia dicho:
"Alfonsina,
te lo doy para que me mates
cuando ya no te quiera".
Y con la diadema de pajaritos de papel cenida sobre su cabellera salio para el Tablon. Se marcho sin decirselo a nadie pero a la vista de todos camino por las calles. Iba por la principal calle del pueblo donde su amado todas las mananas la esperaba en la esquina de don Tino, siempre bajo el radiante sol de primavera que despertaban la lluvia de flores de maravillas que gritaban "Ya viene la reina!". Todos la vieron marcharse pero nadie la detuvo. Ese dia, Alfonsina habia escrito su ultimo poema por eso marchaba bella, franca, luminosa porque iba a reunirse con el novio que la aguardaba en la enorme roca de piedra que ellos mismos habian llamado El tablon.
Llego al Tablon, la vieja hacienda donde ninos se habian amado con sus primeros besos que todavia estan pegados en los petalos de las flores del acantilado. Todavia estaba el mismo camino y el mismo sol que se abria paso entre las flores de palos de santos, donde su paso lento y su mirada triste tornaba blanco el martirio luctuoso de la muerte. Era el paso de la reina, que se hundia en la alfombra granitica y brillante, la que cenia la violencia de las olas, mientras la brisa marina banaba su frente esplendida; y las gaviotas volaban bajo la espiral silenciosa de las nubes. Subio hasta llegar a la enorme piedra la que estaba mas cerca de la luna, la misma que ambos habian llamado "El Penon". Y recordo los labios inocentes que todavia tenia pegados a los suyos, y la voz que siempre la llamaba desde el ruido inmenso y eterno de las olas que no cesan de agitar su marino seno. Alli, frente a ella estaba tambien la entrada secreta que los llevaba al brazo de mar que se colaba por entre las rocas de "La cueva del monarca",donde habian dejado en algun rincon la cajita de madera teniendo en su interior el panuelo de seda blanco, las dos flores que el le habia regalado en sus quince primaveras, el alfiler de oro "para que me mates para cuando ya no te quiera", le habia dicho el alguna vez, y algunas hebras de su pelo unidas por la leche del tiguilote. No lloro, suspiro, reteniendo el aliento entre sus labios musito:
"Nuestra vida es un nudo
que solo el golpe de las olas podra desatar".
Y esas fueron las palabras que bordo sobre la cara inmaculada de aquel panuelo, cuando los besos de los dos no cavian en el vaso del alma y que ahora con sus vidas agotadas bebian del mismo caliz.
Se levanto y camino nuevamente con los pies descalzos, paseandose sobre la orilla del acantilado donde la arena y
"las aguas verdes
coronadas por las olas esperaban llevarla
a los cielos puros"
Ya sobre el precipicio recogio los bordes de su vestido blanco, y con la diadema de pajaritos de papel cenida sobre su pelo
"camino con paso lento
y los ojos frios y la boca muda
hasta dejarse llevar por las olas azules"
que se estrellaban contra las rocas. Se fue perdiendo como una fragil barca que se aleja donde el cielo se inclina a besar el romance de las aguas, mientras la espuma marcaba el camino de su eterno viaje. Se perdio para siempre entre "el cielo y la playa". La tarde ardia y las nubes quietas y calladas se agrupaban como un cortejo de angeles divinos. Habia estallado su vida y "su alma se habia resbalado tranquilamente", quedando su cuerpo bajo el calor del cielo.
Las flores agonizaron en los brazos del Otono. La sequedad de la tierra se hizo notoria. La erosion eolica de los vientos marinos y la lluvia fueron deslavando las fertiles tierras hasta dejarlo todo descubierto. Habian pasado los meses y los anos, por eso el idilio y la muerte se habian hecho leyenda para cuando Cronos, volvia con sus pasos al sitio del Tablon, trayendo consigo la alegre primavera. La senda fue perdiendose bajo la fronda de los arboles y de las hojas secas que arrastraba el viento. Habia reposo en el Tablon y un poco de olvido en las laderas del alto Penon. El mar en su quietud saciada besaba mansamente el borde de la playa, mientras sobre el manto de aguas quietas las gaviotas blancas volaban siguiendo el ritmo de la brisa marina. El rumor del mar, la tarde encendida con sus fuegos imperiales se paseba sobre las copas de los arboles coronados por los nidos de los pajaros.
-Donde vas -dijo ella
-Ven, vamos a la entrada que nos lleva al brazo de mar, alla debajo del Penon -dijo el.

Continuara.
Comentario: Amo a Alfonsina.

Texto agregado el 07-11-2007, y leído por 260 visitantes. (14 votos)


Lectores Opinan
2008-03-01 21:39:58 delicado retablo literario. 5* jardin erodelasnubes
2008-02-08 02:11:14 Deje mis comentarios en el retorno.bellisimo consuelo09
2008-01-14 11:29:56 Alzo mi copa y brindo por el futuro regreso de Alfonsina y brindo por quien supo traérnosla hasta aquí. Noguera
2007-12-10 17:26:14 Blooom!! Intenso texto, rico en paisaje, formas, olores, tacto... se siente profundo cada sensación descripta... deja su brisa marcada. Tiene una armonía inmensa. Mis besosos y *'s )-( suymel
2007-11-21 17:36:19 ufffffffffff, su historia te lleno el corazón amigo.***** lagunita
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