VIAJES
En esos viajes en que la vida te da una pizca de suerte llegue a un lugar lleno de tristeza.
Yo buscaba alejarme del dolor de la ciudad de aquel dolor que una niña causo en mi interior.
El aire se sentía pesado esa sensación que solo la cocaína te produce, quemando las fosas nasales.
No se escuchaba ni un silbido, aullido o rastro de naturaleza viva en los alrededores.
Empecé a caminar a ver si podía divisar personas en la tierra estéril.
Mientras movía mis pies entumecidos por el frió sol me puse a filosofar sobre el amor hacia una niña, mujer, anciana, múltiples opciones. Creo que me quedo con la primera y parte de la segunda. Un amor lleno de mentiras, trampas y desilusiones el cual crecía a lo largo del tiempo y se alimentaba de sueños y esperanzas.
Justo en ese momento me tope con una roca en el camino, fue extraño pero me había dado la impresión de ver la cara de ella en ese sólido mineral y una lagrima de ahogo corrió por mi mejilla, no quise hacerme las mismas preguntas ingenuas de por que yo y seguí caminando hasta encontrar un arroyo de sangre que se dividía en dos canales. En el de la derecha flotaban los deseos y la felicidad en cuanto al de la izquierda solo se veía emerger basura del denso flujo como el dolor. Estos dos desagües morían en un inmenso lago.
Creo que fue el instinto de afrontar lo desconocido lo que me llevo a internarme en el rojizo líquido. Buceando hacia el punto medio del lago lo entendí todo, lo vi tan claro que por momentos me asuste. Pude verla a ella como un bombeador que alimentaba las represas de un corazón triste, mi corazón.
No había viajado hacia ningún lado ni tuve suerte solo fue hierba que estaba fumando. Pero me di cuenta que mi interior vive de recuerdos y eso no es bueno.
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