¡Que se callen los cuervos!
detengan esos graznidos,
porque las viandas no están puestas
para el festín prometido.
Que se guarden todos los lutos
y no se ensayen gemidos,
ni se digan oraciones
porque el muerto ¡está bien vivo!.
Tiempo le queda al difunto
para despedirse de todos,
de la mujer que lo quiso,
de las otras y los amigos,
de los nietos, de los hijos
y uno que otro enemigo.
Que detengan las campanas,
no las dejen tocar a duelo,
pues pésele a quien a le pese
¡sigue viviendo el abuelo!. |