Cuando el sonido quedó pendiente en el espacio
y despertó la evidencia de un mundo trastornado
de sollozos,
y de lágrimas inocentes,
el hielo, que parecía cristal
sobre las ramas de los árboles,
mostró su diseño,
y el invierno, en el este, imperecedero,
hizo rocas de mis recuerdos
lastimando mi destino.
Caminé entre fríos y nieves...
¿y el alma?
sollozaba sin mas palabras que diciendo:
Me muero!
Partió la caravana de recuerdos
camino del olvido,
quizás un día...
pueda despertar de la fusión
de sollozos y de tiempo
mientras la vida enmascarada
y en agonía
sucumbe en un espacio
ausente de tí, alegría,
porque tú también, casi, has muerto.
Del cielo pende una luz,
la que muestra el lucero
como una rama marchita de flores
descoloridas e impuestas
sobre un féretro,
donde faltan por morir los recuerdos.
Quizás un día pueda resucitar
esta media vida.
Quizás un día pueda...
mientras no haya esperas de tiempo,
de ilusiones y de sueños.
¿Y el amor?
No era mío,
lo devolví en un beso.
Quizás ya está comprometido
mas allá de su razón
y es ajeno,
en algún lugar impreciso
sin nombre definido.
Así fué, tan frágil fue su amor
como una lágrima de hielo.
Pobre de tí, pobre...,
mi querido corazón.
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