La verdad que yo creía era la mía.Cogí con dulzura y a veces obstinadamente la verdad de los otros y de ella nunca hice mofa pero si arma de batalla. Esperé siempre que el tiempo mi aliado de siempre pusiera cada cosa en su lugar preciso y, entonces admiré la verdad de los otros y revisé mis posturas, pero sin arrepentimiento ni perdón.
Acepté con valentía la derrota si ésta era justa.
Por eso a la vida le debo mucho, tal vez gocé todo con plenitud y la lloré con amargura, pero al final del camino la vivo con ternura. |