Naufragué en el mar
embravecido de tu cuerpo,
en vano luché contra las olas
de pasión que envolvieron mi navío;
el mismo que en otras tempestades
resistió con donaire los embates.
Experto en el timón
hice mil maniobras,
pero todo fue en vano,
mi embarcación sucumbió al combate.
Entonces,
el poderoso mastil de mi nave
se inclinó como un gigante ya vencido
y la preciosa carga
en mis bodegas contenida
se derramó impetuosa
en tu profundidad enardecida.
Sagitarión. |