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Inicio / Cuenteros Locales / Aristidemo / Es como

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Es como cuando agarran a Dios de su puerquito, o a las señoras con cara de cabrón, o a los niños amanerados y de bello rostro que nunca faltan en cualquier escuela. Les dicen a que no te atreves a pegarte un espejito en la punta del zapato y ponerlo bajo la falda de la ticher de inglés para ver sus calzoncitos y nos cuentes si se te paró.

Es como cuando arreglas el mundo en la sobremesa y en cuestión de una hora pasas de apático a revolucionario, de revolucionario a reaccionario y de ahí a librepensador. No chingues Juan, no te hagas pendejo tú que escribes esto, tú que lo lees
ayúdame:
¿cuál es la raíz cuadrada del árbol de la ciencia?

Es como cuando sueñas que despiertas en el sueño de su carne, en la curva de su bostezo, y la (le) tomas (besas) la mano (el sexo).
O como cuando nevó en mi pueblo famoso por su sol y su color a yema seca, cayeron copos grises por la noche y yo en mi cuarto, tras la ventana creyendo que aquello eran cenizas de un gran incendio o plaga bíblica o alucinación de marihuano desvelado, y luego comprobar que sí, que estaba nevando como hacía cien (dicen unos) sesenta (dicen otros) treintaiseis (los exactos) años que no sucedía.

¿Saben ustedes lo que fue ver a Laura vestida como extra de película gringa grabada en el inefable invierno navideño de Nueva York?
Esto no es una historia (ni siquiera una historia es) de amor, pero ustedes no saben lo que fue verla así, sonriente y tirada sobre la nieve.

O a la mejor sí saben.

Es como cuando se piensa en la vida y agujeros negros van succionando palabras e imágenes redondas hasta dejarnos sin nosotros, y a veces sólo el aroma o una memoria fugaz, como herida hecha por cuchillo sin filo en yugular femenina, alabastrina como tonada de Agustín Lara, repentina como flash.

Sentarse a escribir esto, a leerlo, tiene sus bemoles.
Es como cuando la tele está prendida y no sabes por qué estas viendo lo que estás viendo, rascándote el vello púbico, fumando sin parar.
Como cuando esperas el camión que ha de llevarte a ese sitio que te jode la crisma, el sistema nervioso, la alegría de vivir.
O como cuando no te explicas como es posible que te estés tirando pedos tan penetrantemente lacrimógenos con ese cuerpecito de anoréxica rumana.

Tu hermana.

Pasa tarareando tres notas de alguna canción que la radio le pegó en el paladar, falda blanca, camisa mezclilla manga corta, lente oscuro, pelo corto negro, pierna larga morena, brazo grácil, cuello fino, prisa de llegar.
Está contenta y se me para nomás de pensar en como se vería parada al pie de mi cama después de una buena cogida, de una metida de verga lenta y cuidadosa, slurp... slurp... slurp..., mordiéndole un pezón con sabor a coco, chupándole el ombligo de jabón, tomándole la espalda de cera y apretando su culo de plástico tibio.

Lo que no me gusta de tu hermana es que le gusta la trova cubana y desprecia el guaguancó. Prefiere andar buscando unicornios azules en vez de tomar yerba santa pa la garganta, abrecaminos pa su destino, albahaca pa la gente flaca, cannabis índica pa la resaca y dice que Silvio guau y que Aute guau y que Delgadillo y Filio y no mames, que hueva me da tu hermana.

Dile que soy pobre pero cariñoso, flaco pero enjundioso, dile que tengo la habilidad mimética del hipócrita común y muchas palabras para desperdiciar en tardes asoleadas. Dile que tengo una verruga en la nuca, un lunar en el cerebro, la leyenda “El Respeto Al Derecho Ajeno Es La Paz” tatuada a todo lo largo de mi pito (Benito lo llamo) y puedo mover las orejas.
Dile que no se haga y que recuerde cuando teníamos nueve años y me dejó besarle los labios a cambio de una paleta de tamarindo un día en que tu mamá estaba encerrada con un señor que no era tu papá y tú andabas muy agarrado de la mano del niño amanerado de bello rostro que iba en tu escuela.


Es como cuando sabes que eres tan diferente a lo que eres que ya no eres más que lo que nunca quisiste ser.


Como cuando intuyes que la tortilla es poesía, el bolillo escultura, el changarro instalación.
Como cuando conoces argentinos simpáticos, gringos socialistas, españoles ingeniosos, franceses limpios, suecas feas, japoneses altos, mexicanos abstemios, venezolanas gordas, brasileños tristes, cubanos sin ritmo y africanos güeros.

Como cuando dejas de escuchar rocanról y te descubres entonando al José José.

Pensándolo mejor:
no le digas nada a tu hermana.

Es como cuando sabes que lo deseas tanto que el día que lo tengas desaparecerá entre tus manos.

Porque soñar es diferente.
Tú sabes acostarte, cerrar los ojos, cobijarte. Subes a la cama como al arca en donde los animales de tu horario aseguran su existencia bajo el diluvio de las necesidades. Apagas tu cuerpo como se apaga un cigarrillo en los labios de un anciano aburrido y quedas postrado como postre para mosquitos que descubrirán que tu sangre no sabe a nada y emprenderán una pronta retirada de envenenados.


Como cuando te pones a escribir, a leer cosas como esta y sabes que tienes que terminar pronto pues no vas a ningún lugar, no llegas a nada.


Aunque, tal vez.


Es como cuando dices: pensándolo mejor...

Texto agregado el 13-11-2007, y leído por 124 visitantes. (6 votos)


Lectores Opinan
2007-11-14 14:48:37 sí, así como... Nocturna
2007-11-14 02:00:27 Hombre, aristidemo, no se quede con las ganas y dele a la hermana, que debe estar buena si le gusta la trova cubana (¡vivan las cacofonías!). Un placer leer estos textos, como siempre. Calidad asegurada. Ah, y los argentinos, a veces, también somos simpáticos... Saludos arqui
2007-11-13 22:54:11 es como cuando te cierran una puerta y de inmediato se abren un chorro de ventanas pero pensándolo mejor es como si nunca salieras del círculo porque está más tibiecito que las esquinas de un hexágono: Híjole, si está padrísimo! - te dices - pero pensándolo bien no es lo padre sino lo hijo. Sólo que en mi tierra dicen: el que no tiene más, con su mujer se acuesta. :ja:... snif! (Aquí es donde debería decirle que de nuevo me ha encantado leerte, pero para qué si eso no más es sobajismo de hombro?) 5* Tachitta
2007-11-13 19:33:59 Me recordó a un par de hermanas que conocí un día... no nevava, pero llovía... Como siempre, excelente. Felicitaciones. Taconvino
2007-11-13 17:28:55 Sentarse a leer esto, tiene sus bemoles. Es como cuando estás aburrido y no sabes qué cosa hacer para llenar ese vacío lleno de insistencias. Me agradó leerte. 5* ZEPOL
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