Después de la catástrofe nuclear,
los pocos animales que quedaban,
venciendo su instinto natural
en un paraje desvastado se reunieron
en torno al buho que ululando los llamaba.
Buh, buh, buh, les insistía,
a poco llegó reptando la serpiente
que entre silbos lastimeros
se quejaba con el amigo buho
de tanta desolación y muerte.
Arrastrando una pata lastimada
se acercó un fámelico borrico
que entre roznido y roznido
decía a los ahí reunidos:
-yo sólo quiero un amo-
-no importa que cargue de más mi lomo-
-ni que me muela a palos por nada-
- sólo quiero alfalfa y un poco de cebada.-
Vino barritando de angustia
el pesado elefante
y entre gruñido y gruñido
se hizo presente un oso;
después fueron llegando otros,
al vuelo, de grito en grito
llegó un loro grosero y graznando agorero
el cuervo con lombríz en pico.
Saltando a la par conejo y liebre
se echaron quietos junto a la sierpe;
vino luego el león imponente como siempre
rugiendo feroz y rechinándole los dientes.
Una paloma sin descender el vuelo
zuriando desde el aire les decía:
"necesitamos un dios que nos salve".
-Un dios para que sea mi amo-
roznó inquieto el borrico.
-¡Que nos quite a todos el hambre!-
gruñó el oso lamiendose el hocico.
-¡No tenemos dios, somos animales!-
gritaba frenético el lorito.
Se hizo el desorden total
en el grupo de miserables
mientras el loro gritaba:
-¡somos animales, somos animales!.-
¡Entonces se oyó un gran rugido!,
el loro fue el primero en morir
victima de un zarpazo fatal,
ahí terminaron todos su males,
núnca volvería a gritar:
¡Somos animales, somos animales!
El cuervo siguió la misma suerte,
y el borrico entre las fauces del león
vió a la parca en ojos de la sierpe,
pués el elefante en su loca huida
pisó al reptil, ¡causándole la muerte!.
Después del alboroto
hubo un pesado silencio,
que fue roto por el gruñido del oso...
-¡Hermano león!-
-¿porqué haz hecho esto?-
Ronroneando con aspecto hosco
el león le contestó al oso:
"La ley de la selva,
es el único dios que yo conozco"
Sagitarion.
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