Queridos lectores:
Una vez que nuestro héroe inmaculado saldó su deuda con la sociedad, retornó a su querida localidad de Bebí. Sofonías Chazarreta organizó una gran ceremonia de bienvenida, sólo comparable a la expectación que provocó Pelé cuando jugó contra Naval en el estadio El Morro del puerto de Talcahuano, hace ya varias décadas, o cuando el club Arturo Fernández Vial fue campeón del futbol regional con su director técnico completamente ciego (de nacimiento), un hecho inédito en el mundo deportivo.
Don Patricio sintió en el alma el cariño de su gente. "Y para sumar más emociones", como decía un querido animador de TV, recibió dos pasajes para viajar a la ceremonia de San Millán de la Cogolla, en La Rioja, España. El monarca nombró públicamente a Chazarreta como su delegado plenipotenciario, para encargarse de los asuntos de la comunidad, y llamó privadamente a su querido amigo, Luis Von Le Coq, para invitarlo a tierras hispanas. Von Le Coq, especulador financiero, no había tenido vacaciones por varias temporadas, de modo que accedió gustoso a participar del periplo.
Así las cosas, los dos jóvenes viajeros llegaron a la Sierra de la Demanda en plena festividad de San Millán. Don Patricio, un hombre profundamente religioso y que combinaba a la perfección las santas escrituras con los vicios mundanos, se sentía en su salsa. Mientras se acercaba a inspeccionar el proscenio donde se dirigirían alabanzas al santo, Luis adquirió el matutino de la zona. Su titular, por cierto, aludía a la noticia del momento: ¡Por qué no te callas!
En ese mismo instante, los técnicos probaban los micrófonos, rodeados ya de miles de fanáticos.
- ¡Switch arriba, probando!- exclamó uno de los sujetos, haciendo retumbar la cabeza de Don Patricio.
- ¡Se escucha perfecto, Manolo!- advirtió el otro.
- ¡Muy bien Paco, switch abajo!
- ¿Qué cosa Manolo?
En ese instante Von Le Coq le mostró el periódico al príncipe.
- ¡Mira lo que dijo el Rey... qué se cree!
- ¡Switch abajo, Paco!
- El Rey simplemente se cansó de los discursos de Hugo- interpeló Don Patricio.
- ¡Switch arriba, Paco!
- ¡Lo que pasa es que el rey es un mantenido!
Micrófono abierto: ¡qué desgracia! Miles de personas giraron sus cabezas para identificar al autor de semejante improperio. Y se abalanzaron sobre nuestros protagonistas. Von Le Coq, coyotezco personaje, se escabulló entre las piernas de sus victimarios, pero Don Patricio, cual ballena varada, no pudo eludir los golpes que le propinaron los realistas.
Pasados algunos minutos, Barriga fue trasladado en coma al hospital más cercano. Su fe imperturbable consiguió devolverlo a la vida. Una intensa luz frente a sus ojos fue lo primero que percibió de vuelta en nuestro mundo.
- Don Patricio, soy el alguacil de la zona. Le tengo dos noticias. Una buena y la otra mala.
- Digame la buena primero, doctor- dijo aún confundido.
- Bueno, pese al insulto a su Majestad, usted no ha perdido su calidad de príncipe de Romo-Getxo.
- Gracias, mi buen señor. ¿Y cuál es la mala?
- Por su condición de príncipe, la gravedad de su delito es mayor, pues se considera alta traición...
Me encantaría amigos lectores seguir relatando lo que ocurrió en aquel recinto; sin embargo, para evitar vuestra congoja, simplemente les contaré que Don Patricio, con toda su alcurnia y categoría, se encuentra cumpliendo cadena perpetua en un oscuro calabozo de una remota cárcel del Valle del Elbro...
Juan Trinquete
Corresponsal. |