Toma mi mano y llévatela,
esparce cada miembro de ella
para borrar todo lo que estuvo en mi alguna vez;
pon cada dedo en el fuego,
hasta que llore al recordar todo lo que sintió.
Con cada uña tortura lo que con ira arañé,
retira en pedazos los músculos y destruye la
epidermis,
para quedarme ciega de tacto y no pueda sentir
nada cerca de mí.
Destroza la piel que rozó el lápiz,
y con cada hueso de mi mano, construye mi
sepulcro;
llévate el metacarpio y las falanges,
para que no quede rastro de lo que fui alguna vez,
ni de la vida,
ni de las frases que en mi piel tatué,
ni de mis diestros versos…que ausentes ahora
lloran por mi.
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