Nunca de los nuncas las obliguen a salir, pues son orgullosas y por el simple afán de hacer una maldad, se ocultan en los resquicios más sombríos de nuestra glándula “hipiros” (glándula de inspiración). Manden su invitación por correo y espérenlas sentados en la mesita de la paciencia. Si no llegan, que es muy común, no desesperen, es el primer intento. Coloquen sus manos en posición de dormir, sobreponiendo una encima de otra y formando un ángulo de ciento treinta grados con los antebrazos y recuesten la cabeza sobre ese cómodo lecho que acaban de preparar. Muy bien, ahora, totalmente atentos y modorros (se puede lograr este estado de inconsciente consciencia) prepárense a capturarlas por los vericuetos del sueño. Acorrálenlas y no las dejen huir. Si por alguna circunstancia su empresa no funciona y al despertar el papel sigue en blanco, no abandonen la tarea. Mejor, busquen unos zapatos adecuados y salgan a pasear. Lleven su red de lápices y hojas y atrápenlas por los camiones. Deben de estar ahí, en la sonrisa del niño, en la panza de una mujer preñada. Busquen bien, véanlas de reojo. Miren por ejemplo en medio de las nubes matutinas, dentro de las alcantarillas, ahí suelen acomodarse. Si aún no dan con ellas solo aguarden un día lluviosos frente a la ventana. Es cuando ceden a su orgullo y se entregan presurosas, listas para estrellarse enteras al papel y tomar la forma que deseemos darles. |