Algunas veces al caer la noche, la penumbra trae recuerdos de lejanos horizontes, poblados de alimañas.
Estos provocan repulsión, por su aspecto desagradables, hay noches que los recuerdos bullen como un hervidero devorador y es ahí, donde se presentan estos horripilantes monstruos alineados- como queriendo engullir al universo, sus gemidos atormentan, desafinan en sonidos confusos, siempre es un grupo grande de largas colas silenciosos, con sus largos cuellos desafiante y demacrados- horrorizan.
Hay noches muy tormentosas, cuando la bestia que los acompaña prende sus ojos, con luz de tinieblas sobre la noche amarilla.
Son tan repugnantes, que te agobian con sus figuras deformes y estremecedoras.
Noches largas de fría brisa, de oscuras sombran, al final del un túnel que la penumbra abre, donde se cuela el miedo opaco y oscilan aterradora las figuras que miran y esperan.
Hay noches diabólicas, extrañas terroríficas.
Que el sol se oculta, se aleja evitándolas- cuando llega la noche,
que penetra calida, penetra la oscuridad con un potente faro en llamas,
nadie sabe como se detiene, ni a quien recurrir- es tal el grado de miedo-
que los pájaros desaparecen tras del horizonte, las aguas se aquietan, la tierra forma un nudo entre sus bosques junto a sus animales, dejando en blanco y negro un amanecer diferente, tiembla la tierra, y sus criaturas buscan esconderse sin encontrar un lugar seguro,
pero como ocurre todo esto, también el bien llega bordeando la tierra, y sus Ángeles traen la buena nueva- hay luz divina- que no puede el mal taladrar ni apagar, y estas hermosas criaturas celestial, con su esplendor derrotan la oscuridad dejando paso al sol y un nuevo amanecer, es solo el sueño de una infeliz noche de alcohol.
MARÍA DEL ROSARIO ALESSANDRINI
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