Pocos tal vez hemos apreciado que ciertos amaneceres nos brindan la sorpresa de ver bañada del más fino velo a la más bella de las mujeres celestiales, coqueteándole al mundo desde su lejana morada. Vestida ya no con su habitual albo vestido sino levemente pintada de un naranja pálido, producto tal vez del rubor que se le enciende al verse descubierta en un momento en que todos la imaginamos durmiendo.
Traviesa chiquilla por todos amada nocturna siempre, diurna solo a veces, solo cuando quiere vernos suspirar, solo cuando nos quiere hacer notar que si en las noches brilla en el día es más linda todavía.
Y como esa luna raramente vista que cuando se deja ver cautiva, asi eres para mi. Mi aleve ironía. |