Sobre los críticos.
El esforzado director teatral Don Pedro T, a quien tanto le había costado montar por fin su obra, recibió la visita del prestigioso Carlos M., director del suplemento de espectáculos del diario C.
— He visto los ensayos y me gusta la puesta —le dijo. — Si te ayudo con mis comentarios tendrás un éxito pleno. Y sólo te costará apenas unos cinco mil dólares. Hay que tener en cuenta que nuestra opinión será la misma que sostendrán Juan R. en el noticiero de la tarde y Etelvina D. en Radio M., pues son de la empresa.
Como el bueno de Don Pedro no tenía esa suma, lo despidió con cortesía y rapidez.
Tras el estreno pude leer la crítica que hizo el diario C.:
“Floja actuación en un contexto que, también es cierto, no permite demasiado lucimiento. La adaptación del libro dista del original brillo del autor y pese al esfuerzo de algunos nombres menores del elenco, no se llega a salvar esta obra que naufraga entre la estolidez y el aburrimiento…”
En otra nota del mismo tenor se juzgaban las virtudes de otra obra, estrenada simultáneamente, con epítetos laudatorios, tales como “conmovedora dramaticidad”, “sólida actuación de Jose B:” y “excepcional dirección de Luis S., en una pieza de vanguardia de difícil tratamiento, no obstante lo cual maneja con singular maestría…”. Etc.
Es claro que yo desconocía la circunstancia antes relatada y que, ingenuamente, creía en los superdotados que, desde los medios, pontifican entre el lector y los buenos espectáculos.
¿Es necesario decir que, siguiendo el consejo del diario, concurrí a presenciar esta segunda pieza y me clavé como el mejor? ¿Y que mis puteadas llegaron al cielo cuando me enteré que Carlos M. y los responsables del bodrio comparten la ideología en lo sociopolítico? ¡Y…entre compañeros hay que ayudarse, caramba!
Como corolario debo decir: ¡Al carajo con los críticos de cine y teatro! Voy a volver a ser un espectador que pague su entrada cuando alguien cercano y de respetable caletre me aconseje al respecto. Mientras tanto…música y lectura.
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