Recuerdo tus manos madre,
y el corazón se me encoge.
Supieron bordar finas telas
prodigar sabias caricias.
Evoco tus manos blancas
tan hermosas madre;
prodigiosas con la aguja
en la casa laboriosas.
Añoro esas manos madre;
ahora quiero sentirlas
trenzando mis cabellos o
dando alivio a mis sienes.
Necesito tus manos madre,
ahora me atrevo a decirlo.
Quiero que me arropen de nuevo.
¡Quiero que me hagan cariño!
|