El rey en su trono silba una canción. Sus ojos se desentonan y pierde el equilibrio. Árboles despedazan la luciérnaga que deambula su piel erosionada. Los muebles crujiendo se arrellanan en sus lóbregos acueductos. La canícula evapora sus espermios vertiginosamente. Rocas volcánicas. Una ópera comienza a concertarse en el vacío. Que incurre como un leopardo en su lago de jeroglíficos. Los peces de cristal son ahuyentados por el lobo de yeso. Y el lago se desborda de la tierra, como sangre de una bañera inundando las estrellas. Sus mejillas ciegas cubren los cráneos de las catacumbas de tiempos panfletarios. ¡Fuera, asesinos de la esperanza!
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