Le dio una patada en los huevos, le di una patada en las costillas, me dio una patada en la cara, le dio una patada en las nalgas, le di una patada en el vientre, me dio una patada en el cuello, le dio una patada en el pecho, le di una patada en la boca, me dio una patada en la pierna con la que le di patadas y le dio una patada en la pierna con las que me pateó.
Luego nos fuimos a poner borrachos en el restaurante de Eva y, en el camino, vimos a un anciano vomitando dentro de un tacho de basura. Lo pateamos hasta dejarlo tieso y platicamos de eso toda la tarde, riendo a carcajadas.
Éramos buenos amigos.
Él, él y yo nos despedimos, conscientes de las ocho horas de sueño necesarias para una buena salud y un mejor rendimiento laboral.
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