Es escandalosa la manera en que los enamorados se besan.
Suspiré la noche en que viniste a verme
Juegos de palabras acariciaban mi mente,
Descontrolados aquellos celosos de ira
La vida se seca con cada caricia.
Manuela acaba de tener a su primer hijo, Salomón le ha puesto al crio, dos y media de la tarde y cuatrocientos kilos, de padre desconocido y “futuro de presidente”, así lo
describió su abuelo Don José, de ojos grandes como de pescado.
Desde la ventana del hospital se dejan escuchar los reclamos de Salomón por la leche materna.
Bastó un segundo para que el café se derramara sobre el mantel
Los recuerdos atestados de sonidos símiles
Soltaron tus cabellos dentro del cuarto de baño
Enredos de pieles vegetando letargos,
Duermes.
Javier es el mayor de tres hermanos, manos grandes y hoyuelo en la pera, traía un saco café manchado por la bebida cola que estaba tomando, mira el reloj y se da cuenta que nuevamente llegará atrasado a su cita.
En el café espera Lucila, piel blanca y ojos grises, sabe que él llegará tarde.
Te miro y descubro mis ojos en ti
Y el destello de lo que fui y seré
Reconozco mis miedos y dudas
¿Qué será lo que tú ves en mí?
La señora Juana tiene cuatro hijos, Pablo, José, Tomás y Alberto, ella es viuda y jamás ha estado con ningún hombre que no fuera el finado de su marido. Los cuatro hombres que tiene son su tesoro más preciado, sin embargo la Soledad viene a visitarla todas las noches.
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