La Página de los Cuentos
Tu comunidad de cuentos en Internet
[ Ingresa
|
Regístrate ]
Menu
Home
Noticias
Foro
Mesa Redonda
Eventos
Enlaces
Búsqueda

Cuenteros
Locales
Invitados


Inicio / Cuenteros Locales / josef / Dinero y armas...

 Versión para imprimir  Enviar a un amigo [C:323831]

Dinero y armas.


Cuando comenzó la guerra me fui a vivir a una cabaña, lejos de la ciudad. Estaba en un pueblo situado al noroeste, en una zona montañosa poco conocida y menos aún, frecuentada; era una choza de maderos que ocupé con Hiroko. Dispusimos unas trampas para conejos y decidimos aguardar a que el frenesí asesino de la turba finalizara.

Recuerdo que nadie, excepto nosotros y unos pocos, esperaban que aquello estallara. Descubrí la neura en miles de rostros enfermizos de ciudadanos cada vez más enfebrecidos, en los que vi grabada la maldita obsesión del dinero. A diario, después de finalizar sus turnos de trabajo, se enclaustraban en los hogares y se conectaban a sus televisoresweb, yo no. Hice bien en alejarme. Porque en el momento en que los bancos se hicieron con el auspicio absoluto de la red, la transformaron en un cóctel de multimillonarios, saturados de tele series con tramas en las que ellos mismos pasaron a ser estrellas y protagonistas. Llegó un día en que los programas de los canales versaban sobre dicho elemento; es decir, el capital. Había concursos en los que se secuestraba en directo a ciudadanos y a continuación se corrían envites sobre cuál habría de ser el montante a entregar para lograr tal o cual rescate; naturalmente, si no se alcanzaba un acuerdo en el plazo estipulado, el desgraciado de turno, pronunciando unas aterradoras palabras de súplica – que contribuían a afianzar la verosimilitud del programa y a reforzar su morbo – en vivo y en directo resultaba asesinado.

A aquella conflagración se la conoció como la guerra de los ricos contra los menos ricos. Puesto que por esa época ya no existían los pobres y todo el mundo sabía qué era el dinero sin haber visto ni tocado jamás un mísero papel. Porque el dinero ya no tenía forma ni siquiera identidad ni se pagaba; en cambio, se hablaba, pero en bajo y con mucho respeto y temor. Por supuesto había dinero en los museos. Allí estaban cuidadosamente expuestos los famosos billetes de dólar, euro, yuan etc.
Ahora, la moneda no tenía nombre conocido, se la llamaba dinero y bastaba. Uno tenía más o menos dinero según decidiera el FMM o lo que es lo mismo el Fondo Monetario Mundial. Se sospechaba que existía un Director General de dicha corporación aunque nadie lo hubiera visto en persona.

Hiroko tenía un nombre extraño. Ninguno sabíamos porqué se llamaba así. Claro está que de haber tenido ambos padres, quizá lo hubiéramos sabido. Una vieja leyenda narraba que en el Mar del Japón hubo unas islas que se llamaron “Japón” y que se hicieron muy poderosas, en cuanto a dinero – se refiere – pero entonces alguien soltó a tres seres nucleares en ellas. El primero se llamaba Little Boy Uranio, el segundo Fat Man Plutonio, y el tercero, quien al parecer era muchísimo más gordo y grande que los otros dos y llegó décadas más tarde, se llamaba Solución Putin Hidrógeno. Dicen que este señor las logró desintegrar, y también aseguran que el nombre de Hiroko procede de aquéllas.

En la actualidad en la tierra ya no hay esa clase de señores. Por lo visto, tras la horrenda fechoría que cometieron, se decidió acabar de una vez por todas con ellos. En realidad, en la práctica, las armas han dejado de tener utilidad y están expuestas en los museos. Allí se pueden ver unas muy raras que llaman kalasnikov, otras beretta, otras M-16, etc. El caso es que tanto Hiroko como yo éramos incapaces de entender cómo con aquellos tubos alargados y retorcidos se pudo hacer daño a los ciudadanos, cuando el verdadero mal lo hacía siempre el dinero, e incluso mencionar en alto dicha palabra resultaba un acto obsceno y estaba prohibido y penado. Así pues la situación se convirtió en una insidiosa y terrible paradoja; solo se hablaba de dinero pero pronunciar su designio estaba penado con la muerte.

Era necesario hervir bien los conejos que capturábamos; un entendido nos dijo que no eran conejos, sino... ratas. Tampoco es que hubiéramos visto nunca una rata. ¿Existían acaso? En cuanto a los conejos, nos aseguró, murieron de una plaga que denominó como “misomatosis.” Yo no estaba seguro de que no lo fueran, excepto por un detalle que leí en alguna parte y que no acababa de cuadrarme: las orejas.

A la cuarta semana hacíamos el amor, entonces Hiroko dejó de exclamar y comenzó a mirarme con un brillo extraño en sus rasgados ojos oscuros. Se abrió la puerta del salón, entraron cuatro individuos, me pusieron un saco en la cabeza y me secuestraron. Lo último que escuché decir a mi querida Hiroko mientras sollozaba fue que la perdonara, pues no soportaba comer más conejo y además de forma desesperada echaba en falta el... ¿dijo dinero o lo murmuró?

Supe comprender su actitud cuando el precio por mi captura no fue entregado y lentamente, entonando una serie de haikus ante las pantallas de medio mundo, me destrozó el cuello a dentelladas. Con alborozo pensé en lo afortunado que era. Por fortuna vivía en un mundo civilizado en el que ya no se utilizaban las malditas... “armas de fuego.” ¿Así se decía o también estaba... prohibido... decirlo? Alguien me golpeó en la cabeza cuando en una súplica imploré más “dinero”... por mi rescate. Entonces me desmayé para siempre.


José Fernández del Vallado. Josef. Noviembre 2007.

Texto agregado el 28-11-2007, y leído por 137 visitantes. (14 votos)


Lectores Opinan
2008-01-31 16:52:33 ¡Qué manera tan elegante de pintar la sociedad! Lo disfruté de principio a fín. Real y profundo. Sofiama
2007-12-11 15:29:04 La historia en sí es genial, todo, hasta el mínimo detalle. Además de ser una admiradora de todos tus escritos por su originalidad, no me canso de alabar tu imaginación dónde nunca está ausente cierto razgo de realidad, de algo que no estamos exentos de que ocurra. La forma de muerte me pareció horrenda, pero acertadísimo el impacto. Un beso y por supuesto todas mis estrellas. Magda gmmagdalena
2007-12-09 00:06:47 Sorprendentemente triste y muy bien reflejado la suciedad que rige el mundo. Churruka
2007-12-06 01:42:23 Se canso del conejo.5* ismaela
2007-12-05 17:58:30 ¡Vaya visión de futuro!, asusta. me gustó. gamalielvega< /a>
2007-12-05 12:20:23 Siempre dinero, en la vida real, en sueños, en los cuentos...Es cierto, tanto tienes tanto vales. Buen tema, hace pensar y asusta +++++saludos antoniana
2007-12-02 23:29:35 Viene a leerte, hacía mucho que no pasaba, sigues tan tocado con la mano de Dios, felicidades on-line
2007-12-02 22:53:11 Entonces , el brillo en los ojos no siempre es amor... naiviv
2007-12-02 10:12:11 Da escalofríos... qué miedo. sophie
2007-12-01 20:06:25 Un futuro imprevisible, como los buenos cuentos. 5* blasleon
2007-12-01 19:21:59 ahhh un cuento futurista, con un desenlace sorprendente. un planteamiento tan posible como irònico de lo que puede pasar...deliciosa narrativa que te atrapa siempre lo he dicho y por eso uno vuelve y vuelve y vuelve..je Aliacanitidia
2007-11-30 22:39:46 Estupendo relato como siempre. Tanto "conejo" aburre a cualquiera. Enhorabuena Alejandro_1 007
2007-11-28 16:54:22 No importa que ya no haya dinero, si siguen existiendo los buenos escritores. 5* ZEPOL
2007-11-28 14:09:29 Interesante, como para reflexionar, y creo también que la culpa de todo lo tiene el dinero, y además. Interesante; me gustó las imágenes. AAA_El_fenix< /a>
 
Para escribir comentarios debes ingresar a la Comunidad: Login


[ Privacidad | Términos y Condiciones | Reglamento | Contacto | Equipo | Preguntas Frecuentes | Haz tu aporte!]