La Villa Pinares
La villa Pinares, situada en medio de un inmenso bosque de pinos, parecía estar atrasada con lo que refería al resto del mundo. Las escabrosas montañas aledañas impedían el paso al bosque. En la herrería de la villa un aprendiz de herrero, con sueños de salir de la villa y trabajar en una gran metalurgia y fundidora que llegaría en cinco años a explotar los yacimientos de hierro en las montañas.
-Antonio, dobla estas láminas y que queden a noventa grados que son para el carruaje de los Martines.
-Si señor!, con gusto y ansiedad hacia sus obligaciones, no soportaba estar sin hacer nada, pues los demás niños de su edad estaban en la iglesia, los únicos que no iban a la iglesia a recibir estudio, era Antonio y Jazmín una niña de trece años que vivía junto a él, en una carpintería, limaba los bordes de los muebles, les pintaba y lustraba. Sus padres eran dueños de la carpintería pero ella no sentía interés por la iglesia, en cambio leía cuentos de hadas y duendes, sus padres estaban a gusto con que ella sintiera interés por la carpintería.
En una noche Antonio, entendió lo que era el insomnio, había trabajado fuertemente ese día y estaba realmente cansado, pero sus ojos no se cerraban, su imaginación se desbordaba en esa pequeña pieza donde dormía, junto al fogón y la mesa de la cocina. Recordaba cuando tenía seis años, el herrero le encontró deambulando por la orilla del rió, casi desnudo y sucio, su madre le había abandonado en este mismo, la desdicha de un amor pasado, le acechaba y hacía su presencia en los ojos oscuros de Antonio, le recordaba ese hombre a quien le entrego su cuerpo virgen y puro.
Antonio, siempre sintió curiosidad por aquel rió, pues cuentos que le narraba el herrero antes de que el cumpliera diez años, decían que el bosque estaba encantado y que las mujeres solían ir al rió a lavar harapos y demás prendas. Algunas mujeres tenían visiones en el fondo del rió y sin más contar se lanzaban hacia la profundidad, el herrero solo sabia eso, pero le agregaba más cosas para que el niño explorara la fantasía, la risa y la felicidad, le decía que en ese rió habitaba una ninfa, que vivió en los picos de las montañas, pero cuando el rió empezó a ser frecuentado por las mujeres, atraían la atención de antiguos espíritus nativos del bosque y la ninfa en un ataque de celos bajo al rió a secuestrar las jovencitas, cuando el niño estuvo caminando en el río siempre escucho voces de mujeres que susurraban detrás de los árboles, pero sentía plena confianza en caminar por la rivera y no por entre el bosque..
-La ninfa quería que caminara por su río, quería cuidarme de los hambrientos lobos y el acechante susurro de los viejos pinos… Pensaba Antonio, mirando el viejo fogón, que encendían con restos de astillas y palos que sobraban en la carpintería, Jazmín se los regalaba, pues el viejo herrero le decía que no fuera al bosque a buscar ramillas que era peligroso para él, pero siempre le prometía que algún día irían de cacería.
En el mes de septiembre los vientos se hacían fuertes, Antonio cumplía catorce años y ya se sentía todo un hombrecito, el viejo herrero le daba recados para llevar a la carpintería y demás casas, un día tuvo que llevar un marco de una ventana frente a la iglesia, en la fuente antes de la iglesia un nuevo habitante había llegado de una ciudad lejana, decía el extranjero.
-Londres es la maravilla del siglo, con sus grandes industrias y maquinas de vapor somos una potencia mundial, pero el aire se ha vuelto denso y he querido tener una vida placida y duradera entre la naturaleza… Era un viejo escritor, los años le pesaban y había dejado de escribir, dos de sus obras más famosas fueron mano ciadas por toda Europa, menos en la pequeña Villa de Pinares que parecía que al cruzar las grandes montañas una regresión en el tiempo pasará. El escritor tenía planeado construir una casa junto al río, en una desembocadura de este al sur de la villa, Antonio y el herrero fueron contratados para realizar la puerta de la entrada principal, los marcos de la ventana y los cimientos pues las paredes, el piso y el techo en madera tenían que ser hechos.
Antonio muy contento fue a contarle a Jazmín, pues ellos también fueron contratados en su defecto, Antonio tiro unas piedrecillas a la ventana de Jazmín, el rostro pálido y fino de Jazmín se asomo, sus cabellos lacios y negros como la noche cubrían sus orejas que eran muy blancas, al salir Jazmín, Antonio noto algo raro, que le atrajo mucho la atención, el vestido de Jazmín tenía dos pequeñas prominencias en su pecho y sus caderas habían tomado la forma de las abejas en primavera, sus ojos irradiaban curiosidad y envidia, Antonio le miró rápidamente, se puso colorado y le dijo del trabajo en el río, Jazmín se dio cuenta de las miradas fugases y repetitivas de Antonio, pero cayo y con unas risas coquetas lo felicito.
Al comenzar la casa del viejo escritor, Antonio, el viejo herrero, Jazmín y su padre armaron un pequeño campamento junto al río, pues el viaje de la villa a la zona de construcción era de ocho horas a pie pues los caballos eran usados por los ganaderos, que tenían sus granjas al norte de la villa en las faldas de las montañas del norte, donde los pinos habían sido talados para sembrar y tener ganado, la mujer del carpintero iba cada domingo a llevarles víveres, viajaba con el escritor que muy ansioso miraba como iba la obra, el se quedaba en la iglesia, el párroco muy amablemente le concedió una habitación.
En las noches Antonio salía de la carpa, el dormía con el herrero, se acercaba a la carpa donde estaba Jazmín, se agachaba y metía su mano entre las sabanas y le hacia cosquillitas en los pies de Jazmín, salían a sentarse junto a los cimientos de la casa, Jazmín llevaba sus libros de hadas, la mayoría de sus libros los escribía su madre… Ella siempre le decía…
-Jazmín ya que has leído las aventuras del gigante y los demás cuentos de elfos que te traje, iré mañana a Londres y volveré en una semana… Su marido el carpintero le daba un viejo caballo y le pedía cuchillas de afeitar, ella salía hacia el norte, pero Londres estaba hacia el sur.
Antonio le pedía que le leyera las historias de sus libros a Jazmín, ella con su dulce voz lo hacía extasiarse en el aroma de la noche y las aventuras de un intrépido gnomo que velaba por el amor de una preciosa elfa.
Una noche Antonio escuchando a Jazmín, perdió toda su atención para fijarse en los labios de ella, secos y prematuros, pidiendo a gritos ser humedecidos, sin pensar Antonio tomo de la mano a Jazmín, quien paro de leer para mirarlo fijamente a sus ojos oscuros y entregarse a la pasión del primer amor.
Ya al terminar los cimientos y levantar dos paredes, el siguiente domingo llego el escritor y la madre de Jazmín, les traía frutas, carne, no le trajo nuevos libros a Jazmín pero si llevaba con ella la marca del abuso y la violencia.
-¡Esposa mía! ¿Que te ha ocurrido?, grito desde lejos el padre de Jazmín, asombrado por la variedad de tonos contenidos en su ojo derecho, morados, verdes y rojos a punto de estallar y fomentar el dolor en el rostro de aquella mujer.
-Me caí del caballo, tuvo un ataque de espanto al esquivar una culebra que estaba en el camino de regreso a la villa. Le respondió con una tierna sonrisa, giro hacia atrás y llamo al escritor y con una mirada de asco y repugnancia hacia el conductor que les había traído, Arduin uno de los granjeros que suministraba alimentos a la villa.
Arduin un robusto granjero se había ofrecido en llevar esta vez al escritor y a la madre de Jazmín, tenia su granja y una huerta en el norte de la villa, vivió en Londres casi toda su vida, hasta que conoció la vida del vicio y del alcohol, las riñas en las calles y aventuras en las noches. Esperaba muy paciente junto con más jóvenes en la plaza de mercado la entrega de los comerciantes que venían de la India, muchas especias, las compraban y fumaban, con otras realizaban infusiones de ron, opio era de sus mayores placeres pero muy caro era costearlo. Arduin robaba en Londres, hasta que un día fue atrapado por un mercader y golpeado en publico, sin embargo siguió hasta caer en las manos de un árabe que intento robar, este le corto un dedo, desde ese día abandono Londres y su vida de travesuras, con algunos recuerdos camino durante meses hasta sin saber como y cuando, llego a la villa.
La madre de Jazmín viajaba a Londres, se dirigía a la granja de Arduin, y duraba allí una semana. Asqueada y triste en las mañanas cuando Arduin dormía, ella se despertaba y entre libros y papeles recogía los más limpios y sin rayar le escribía a su hija los cuentos, pero no duraba mucho, pues al atardecer Arduin solicitaba de su cuerpo y caricias vendidas. A veces la madre de Jazmín no podía soportar toda una semana donde ese pervertido hombre y en ataques de tristeza quería abandonar la granja, pero Arduin le persuadía.
-Sabes bien que trabajo muy duro y cuando voy a la villa a darles de comer a ti y a tu marido y a los demás del pueblo lo único que me dicen es “gracias”, con unas sonrisas hipócritas, sabes de mi esfuerzo y soledad que llevo acá, además yo solo te deseo a ti, las demás parecen unas rameras detrás del párroco, en cambio tu eres hermosa y tu marido no distingue entre un mueble y tu delicado cuerpo.
Así la madre de Jazmín viajaba una vez al mes a Londres..
Antonio y Jazmín gozaban de lo dulce que era el amor, Antonio trabajaba arduamente y rápido para acabar y estar con Jazmín, el padre de ella ya se había enterado y sabía de la nobleza de Antonio… no le preocupada, por el contrario sentía un gran alivio. Una noche Antonio dormía placidamente, cuando sintió cosquillas en su pie, era Jazmín, salio a medio caerse del sueño, era muy tarde, pues la luna había desaparecido y en su rastro miles de estrellas seguían su camino, Jazmín llevo al río a Antonio, se desnudo y entro al río, Antonio recordó la ninfa y asustado tomo de la mano a Jazmín y la jalo hacía a fuera del río, Jazmín extrañada le miró, la respiración de Antonio estaba al borde de la crisis. Hecho una suave carcajada Jazmín y empujando al rió a Antonio se sumergió con él. Antonio estaba en el agua y Jazmín le jalaba hacia la profundidad, para besarlo y confraternizar entre caricias más allá de las conocidas, Antonio escuchaba los susurros de aquel entonces y mirando hacía la superficie mujeres le miraban chismorreando y riendo de él, de pronto Antonio sintió un jalón en sus piernas, soltándose de Jazmín y con un ultimo beso dejando de respirar tal anhelo, se dejo llevar por la corriente de una dulce canción, cantada por una ninfa que le aseguraba una vida mejor.
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