|
Yo vine a trabajar Entre la penumbra vislumbré la agonía de aquel sueño, crecí de golpe. Él asió mi cara alzándome la barbilla. Estaba en venta. Lo decían los ojos de los hombres que escudriñaban mi figura; el olor del deseo apenas cernido por los perfumes caros. Y me vi cómo era, como tantas. Al fin, también tenía un precio. Maldije mi confianza “a mí no me pasará”, mi soberbia. Y derroché lágrimas. Lágrimas de rabia, de impotencia y de miedo. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net |