Estaba sentada en la clase, mirando como siempre al vacío, en aquella clase que como siempre consideraba sin importancia.
Pero de pronto algo raro paso, en ese camino que me conocía como la palma de mi mano, de pasarme las horas muertas de matemáticas mirando a la gente pasar, había variado. De pronto los árboles habían desaparecido, escuché un ruido y me gire mirando al centro de la clase. No encontré a nadie, todos se habían esfumado. Cogí la cartera y salí de la clase, pensaba que había sonado el timbre y yo no me había enterado.
Me dirigí al patio, pues matemáticas tocaba a 4ª hora mas no había nadie. Pensé que seria mejor, tendría más tranquilidad para pensar, puesto que no tenía amigos. Me dirigí a las gradas y me acosté. Poco a poco empezaba a echar de menos a aquellos mocosos que estaban todo el rato chillando y tirándome pelotas de papel, me sentí rara ¿Cómo podía echar de menos a aquellos repelentes?
El cielo se torno oscuro, me refugie en el instituto. Pero tampoco había nadie allí. Posteriormente pensé que sería hora de ir a casa. Así que me dispuse a salir del centro, la puerta se encontraba cerrada. Me estaba volviendo loca allí dentro, sin ningún ruido como de costumbre y, el instituto me parecía cada vez más grande. Intentaba saltar la valla de más de 4m, por seguridad, cuando ya estaba en lo más alto y solo tenia que bajar me caí. Chillé.
De pronto escuche risas. Me extraño que no me doliera nada más que un poco la cabeza, mucho menos de lo que imaginaba cuando me estaba cayendo. Abrí los ojos pues los cerré cuando estaba en el aire y estaba tumbada en el suelo de mi aula, me había caído de la silla mientras dormía. Toda la clase se desternillaba de mí. Realmente me daba igual, ya estaba acostumbrada.
Al día siguiente presté un poco de atención, fue escuchar la palabra polinomios, y volver a desaparecer la gente. Que marrón, pensé. De nuevo me volví a dormir, pero no sabía como despertarme, ya que eso no lo puedes elegir. Era raro, estaba durmiendo y lo sabía. Solo pensaba en como me podía despertar. No encontraba manera. Parecía que me hubiera quedado durmiendo durante días.
Tras mucho tiempo pensando dejé de insistir en como despertar. Y empecé a intentar disfrutar de la tranquilidad y la soledad, pues me encantaba.
Podía hacer lo que quisiese, era mi mundo y todo era como quería. Yo era la reina y todo el mundo me obedecía. Las personas que se habían metido conmigo eran el centro de burlas, y siempre estaban tristes. Me encantaba verlos humillados, tristes y desamparados, y sí, se que fui cruel, pero que más daba, era mi sueño. Cuando despertase nadie se habría dado cuenta de lo que pasaba por mi cabeza, de cómo los había humillado, y es más, ellos se reirían de mí por quedarme dormida otra vez.
Los días pasaban, y todo era perfecto en mi vida. Ya no me acordaba que solo se trataba de un sueño. Yo tenía el poder total del universo, cientos y cientos de amigos que me idolatrataban y me querían, varias carreras universitarias, había crecido y me había convertido en una muchacha excepcional, existían vacunas ante todo…que por supuesto las había descubierto yo, y la vida de “los pobres”, que eran los que no querían trabajar, consistía en duplex de doscientos metros cuadradas, con las vestimentas necesarias, una tele, dos cuartos de baño…, una casa digna.
Yo ya tenía 25 años, y mi vida era toda perfecta. Hasta que un día tuve un accidente de coche. Morí, y subí al cielo. Allí conocí a Dios. Era, como en los dibujos, alto con pelo blanco, largo, cara amigable… Yo que nunca creí en el me postraba ante él. Me saludó. Él se sabía mi nombre, sacó un gran pergamino (creo que sería mi historial) y me dijo:
- Sí, has hecho muchas cosas buenas, como salvar muchas vidas, hacer del mundo un mundo mejor. Pero antes de eso, al principio de tu “nueva vida” que yo te regalé, trataste mal a aquellas personas que anteriormente te criticaron. No se compensa lo malo con lo bueno, no, y lo sabes. – No podía pronunciar palabra, estaba frente al altísimo. Que continuaba hablando:
- No solo eso, sino que nunca te has molestado en pedirme perdón, siempre has creído que te las valdrías por ti misma, sin mi ayuda.- Parecía enfadado, yo no era religiosa, y nunca había creído en lo que no podía ver. Pero ahora lo veía, no podía negar su existencia.
Así que traté de excusarme:
- Es cierto que no te he implorado, ni he excusado mis malas hazañas. Lo siento. Creía que tu existencia eran rumores, y tú nunca apareciste para mostrarme el camino, me lo tuve que hacer yo sola…
- Pero como osas decir ante mí, Dios, que nunca te ayudaba, como explicas, sino mi ayuda, como pasaste de tu mundo, en el que no eras más que una muchacha sin amigos y siempre criticada y amargada- Se le notaba el cabreo ardía en llamas y parecía más alto de lo habitual, su rostro dejó de ser amigable- a pasar al mundo en el que todo era perfecto para ti, en la que comenzaste a abusar de tu autoridad, ¡abusando de tus enemigos!, esta ha sido tu última prueba para entrar en el cielo, el lugar de los benditos, donde lo que has visto en la Tierra no es ni comparable con su esplendor.- Entró en el cielo y se cerró tras de sí la puerta, ni intenté pasar, había aprendido con los dibujos animados.
Esperé unos instantes y, allí se acercaba uno hombre mitad cabra, con una larga cola terminada en punta, era rojo. Al llegar a mí me dijo:
- No te preocupes, siempre se pone así con los que no se postran ante él, yo no soy así, tengo mala fama, pero yo no juzgo a la gente, en verdad sois vosotros los que me juzgáis a mí. Ahora, si quieres puedes venir conmigo, no te puedo prometer el cielo, pero tampoco es el infierno.-Si soy sincera esas palabras me confundieron. ¿No era el diablo?, ¿acaso no vivía en el infierno? Lo miré con el entrecejo fruncido.- ¿qué pasa? ¡ahh! Me as confundido con la nada.
- ¿Pero quien eres?
- Me llamo como vosotros sabéis, Satán, pero antes de que preguntes te contaré toda la verdad:
- Dios y yo somos hermanos, sé que no nos parecemos, cuando éramos pequeños siempre nos peleábamos por cosas sin importancia, como la mayoría de los niños, resulta que una de esas peleas fue causada por el poder, el era muy avaricioso, y quería crear un mundo que le idolatrase. Me pidió ayuda y se la negué, así que os creó a vosotros en la tierra en la que yo había creado a mis dinosaurios.
- ¿y por qué no nos creó en otro mundo?
- Resulta que en la Tierra como vosotros estudiáis hubo un fallo de construcción y se creó la capa de ozono, gracias a ello los seres vivos que nosotros hacíamos de pequeños para tenerlos de mascotas podían vivir. Yo era mayor que él, y antes de que él naciera creé a los dinosaurios.
Él quería crear la perfección así que os hizo a su imagen y semejanza, bueno…Digamos que lo intentó, pero él todavía no tenía práctica… y de ahí es de donde salen vuestros antepasados. Resulta que mis dinosaurios os utilizaban para alimentarse y, os llegasteis a extinguir varias veces, así que mi hermano los destruyó, y os creó, y también a los demás seres vivos que existen ahora mismo en la Tierra. Al principio mi hermano siempre estaba pendiente de vosotros, pero, con el paso del tiempo empezasteis a dejar de creer en él. Y él casi ni os visita.
- ¿Entonces es así como se inventó el universo?
- Sí. Y como todavía está enfadado conmigo por no ayudarle hace que los sacerdotes critique mi persona. Ahora te digo que, si confías en mí, se que es difícil, puedo librarte de que te amargues en la soledad, ya que te quedan muchos años de amargación.
- Confío en ti, tiene sentido lo que dices, y nunca he creído en Dios, así que pensar que tu también eres bueno después de tantos cambios no me puede ser mucho más difícil. ¿Pero como es qué me quieres ayudar?
- Es a lo que me dedico. Antes me postraba cuando estaba mi hermano y les contaba mi historia a los seres vivos, pero nunca me creían. A mí no me importan las cosas por las que mi hermano los aya desterrado, pienso que todos pueden cambiar.
Dejamos de hablar y me dirigió a su casa, una gran casa en donde había muchas personas y animales, pero lo que más había eran plantas. Pensé que era normal, ya que las plantas no podían ni rezar ni pedir perdón.
No sabia como era el cielo, ni me importaba. Era cierto que Satán no tenía mucho dinero, pero la gente era muy amable y los animales eran amistosos, allí no era necesario comer. Creo que es porque estamos muertos.
Hice muchos amigos, en realidad me llevaba bien con todos los que conocía. Cada día Satán traía a gente nueva y animales.
Los últimos días se le veía triste. Supongo que sería por su hermano, él le quería y quería poder llevarse bien con él.
Dejó de ir a buscar a los que eran rechazados por su hermano, no se le veía nunca por su casa. Todos estábamos preocupados por él.
Lo remplazamos en su trabajo, pero cada vez se sentía más y más débil.
Finalmente algo que no tengo ni idea de cómo podía pasar, Satán murió. Sí. Murió en un sitió donde todo el mundo estaba muerto. Por votación yo ocupe su puesto. Aunque no sabía como podía hacerlo. Estaba demasiado triste por su perdida. No lo entendía.
Fui en busca de Dios para ver si tenía un poco de compasión y me explicaba como podía haber muerto. No me miraba, su mirada se dirigía hacia a mí pero me traspasaba.
Yo contenía el poder de Satán, pero al igual que él cada vez me sentía con menos fuerzas. Como a él a mí también me llegó el día y, morí.
No sé como pero muerta volví a morir.
No sé cuanto tiempo estuve muerta, pero la cuestión es que desperté en una cama que estaba en una habitación, estaba enganchada a una maquina mediante cables. Al lado de mí estaba mi madre, ¡la de mi primera vida!, que al ver como habría los ojos sonreía y me abrazaba tan fuerte que por un momento creí que volvería morir.
Vinieron los médicos y, me explicaron que había sufrido un coma, en el que me encontré ocho años, ahora tenía veintitrés años, ningún estudio y no había descubierto ninguna vacuna, por no hablar del resto. No sé si lo que sentí fue un sueño del coma o fue real, pero es una experiencia que nunca voy a olvidar.
|