Le temo a mi sano juicio...
Con la anestesia a kilómetros de distancia y ya sin
cumplir su hipócrita función, comienzo a percibir la
realidad tal cual es y engañado en mi juego sin
neuronas que fingen acatar las reglas, marcho deprisa sin mirar a los costados.
Hago trampas, cierro los ojos y finjo no ver, no darme cuenta de tu indiferente encanto, de la cruel belleza que hieren mis sentidos cuando te poseo…
Te tengo y me dueles, si no te tengo, simplemente muero…
Y vivo el momento, disfruto cada instante, cada
centímetro de tu cuerpo lo devoro sin miramientos y cumplo tus deseos más perversos, aquellos que le
confiesas a tu dios de estampilla, secretos que me
suplicas entre caricias y gemidos.
Seré tu dios si me lo pides y seré tu pecado aunque no quieras…
¿Y después? Sabes que te extraño pensando en el mañana, que disfrazo mi amor de odio solo para confundirte y que muero al verte morder mi amor, aquel amor que me desnuda y que sirvo en tu bandeja favorita...
Mi iluso amor, portador del sueño enfermo de llegar a ser algún día y muchas noches, el alimento que tu bendito vientre desea... y la compañía que tu maldita soledad necesita…
|