La Página de los Cuentos
Tu comunidad de cuentos en Internet
[ Ingresa
|
Regístrate ]
Menu
Home
Noticias
Foro
Mesa Redonda
Eventos
Enlaces
Búsqueda

Cuenteros
Locales
Invitados


Inicio / Cuenteros Locales / crosti / La ficción de Stanley Kubrick

 Versión para imprimir  Enviar a un amigo [C:324540]


El buen Kubrick, engalanado con un frac negro, tildó de loco a ese místico viejo andrajoso de barbas blancas que se acercó a él esa noche de agosto a decirle:

—tenga cuidado con sus ficciones amigo mío, no sabe bien en lo que se esta metiendo.

Kubrick lo miró con una suerte de desprecio y sonrió mientras jalaba a su acompañante rubia del brazo para que siguieran camino al cóctel. Sin embargo, el hecho quedo flotando en la cabeza de Kubrick el resto de la noche, la cara de ese viejo harapiento le era familiar, eso era seguro, y no sabía muy bien porque no podía concentrase en el cóctel que festejaba la premier de “La naranja mecánica”

Las noches de los últimos días habían estado inundadas de tristeza. Kubrick se veía solo en su casa y era como si por los pequeños ojales de las ventanas, por los orificios inferiores de las puertas se colara una tristeza liquida que lo inundaba todo. Cuando Kubrick caía en cuenta ya el licor había encharcado sus venas y estaba totalmente ebrio.

Esa noche no sería la excepción. Stanley recordaba sus viejos amores, ese desfile de mujeres que lo habían abandonado una tras otra. Por alguna razón las recordó como una larga procesión de rubias enlutadas que desfilaban hacia ningún lado.

Parado en la mitad de una multitud de gente vestida de negro sobre la alfombra roja, Kubrick vio de nuevo que la tristeza inundaba el salón de recepción. Vio como un líquido rojizo y espeso iba ocupando el espacio, lo llenaba todo, ya les llegaba a las rodillas a los reporteros que no se percataban de esa tristeza que venia invadiendo el salón. Solo Kubrick veía el fluido espeso que formaba un charco gigante y que era la tristeza misma que venia por él. Cuando se dio cuenta ya el licor estaba de nuevo en sus venas, habían pasado por su garganta dos vasos de whisky, dos copas de ginebra, y algunos mililitros de vodka. Entonces, mientras miraba a través de un ventanal que daba a la calle vio al viejo mendigo, que lo había abordado horas antes, sonriendo, tiritando de frío acurrucado sobre el pavimento, con las manos metidas en los bolsillos de una roída gabardina negra. El ala de su sombrero delineaba una misteriosa sombra que cubría sus ojos y miraba a Kubrick desde la calle como dictaminando un presagiando.

Cuando el alto reloj marco las 8 todos ingresaron a la sala para ver la proyección de la película. Kubrick se paró frente al público y lo único que atino a decir, en medio de su borrachera, fue —gracias por ver mi película— Entonces…..

…..un pantallazo rojo acompañado por una sinfonía de Beethoven remasterizada por Wendy Carlos. A Kubrick le parecieron preciosos esos 24 segundos de pantalla roja acompañados por la mágica sinfonía. Luego los créditos de la productora, acto seguido apareció su nombre sobre un fondo azul, el titulo de la película y enseguida el rostro en primer plano de Malcolm McDowell interpretando magistralmente a Alex; mirando de frente con una expresión metálica. Sus ojos profundamente azules intimidaban, inyectaban en el espectador una larga dosis de tención mientras la cámara se iba alejando. La escena parecía casi una fotografía. Los personajes parecían de hielo y se escuchaba una voz en off diciendo:

—…Era yo… ósea Alex y mis tres droogos… Que eran Pete, Georgie y Dim… y nos sentábamos en la fuente de leche Korova… tratando de decidir en nuestras rassoodocks… que hacer aquella noche… la fuente de leche Korova vendía leche-con… leche con venocentina o sintesiteína o dencromina… que era lo que estábamos bebiendo… lo pone a uno perfilocortante… y listo para algo de ultra violencia…

Al mismo Kubrick el comienzo lo erizo de tal forma que tuvo que retorcerse ligeramente en su silla. Un escalofrío lo recorrió como si un ejército de lagartijas le pellizcara los huesos. La dirección de arte era impecable.

En el siguiente cuadro vio a un mendigo cantando echado en un callejón. Vestía una gabardina color arena, sombrero negro y pantalones rojos. Las sombras de Alex y sus droogos se proyectaron sobre el piso, se acercaron y luego de una ligera mofa deformaron al pobre viejo a batazos, puñetazos y cadenazos mientras reían estrepitosamente.

De inmediato Kubrick recordó al viejo que lo había abordado horas antes, pero la idea tan solo le esbozo una sonrisa en medio de su borrachera, pensó que sin duda se trataba de una mala treta del destino, una de esas coincidencias que luego serian tema de cóctel.

La película fluyó sin tropiezos y al finiquitar el público estalló en una escandalosa ovación. El film había sido todo un éxito. A la salida corrieron todos los licores, la gente se mareaba y hablaba elogiando el film, recordando pequeños detalles de la película que consideraban interesantes. Luego de una hora la gente poco a poco fue desapareciendo, la rubia que acompañaba a Kubrick había abandonado el lugar presuntamente acompañada por un productor multimillonario.

Minutos después Stanley Kubrick se vio en las inmediaciones del teatro totalmente ebrio, con una botella de licor en sus manos, sin poderse mantener en pie, tropezando con cuanta cosa se atravesaba en su caminito. Perdió la ubicación, y en cuestión de segundos se encontró perdido en medio de un extraño callejón. Una luz azul iluminaba tímidamente el lugar y Kubrick cantaba borracho de bruces en el suelo

Unos mendigos lo vieron tirado tarareando alguna letra indescifrable y se acercaron a robarlo. El acto no fue violento, el pobre hombre había perdido totalmente la capacidad de defenderse y vomitaba ebrio sobre el pavimento. Los tres indigentes lo dejaron prácticamente desnudo, pero cuando se disponían a abandonar el lugar uno de ellos sintió pena por Kubrick y canjeo su ropa por la del director. Así fue como Kubrick terminó borracho vistiendo un gabán color arena, un pantalón rojo y un sombrero negro.

Ni siquiera el mismo infierno pondría describir el horror vivido por Stanley Kubrick cuando sintió proyectarse sobre su cuerpo las sombras de esos jóvenes vestidos de blanco que se acercaban como cuatro fantasmas furiosos… luego la violencia se hizo carne… sangre… llanto… oxido… cuervos… sombras… batazos… algo traquea… risas… lagrimas… mas sangre.

Lejos de allí un mendigo harapiento de barbas blancas y gabán negro pierde sus ojos en el infinito como observando una fantasmagoría, sonríe y se hecha a dormir.

Jorge Andrade Blanco.




Texto agregado el 02-12-2007, y leído por 108 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
2007-12-02 17:56:04 es un tanto obvio el final... lacking
 
Para escribir comentarios debes ingresar a la Comunidad: Login


[ Privacidad | Términos y Condiciones | Reglamento | Contacto | Equipo | Preguntas Frecuentes | Haz tu aporte!]