LAS SOMBRAS DE LA FILOSOFÍA
“Todo lo que existe en este mundo es sólo una imagen, una sombra de la realidad superior, de las Ideas perfectas que tienen su sede en el Hiperuranio”. Platón.
Extraño las conversaciones discordantes que tenía con mi amigo, Santiago. De filosofía le gustaba platicar, pero era un decir que platicábamos porque lo cierto es que, siempre terminábamos discutiendo por defender intrincadas teorías que no se pueden comprobar ni desmentir. “Así es la filosofía –me decía- seduce y deslumbra a quien la busca, pero su bella luz deja ciegos a los orgullosos”. Todavía no logro comprender la extraña muerte que encontró. Quizás, después de todo, fue un hombre extraordinario.
Santiago trabajaba “a brazo partido”, y eso no lo digo en sentido figurado. Había que verlo atareado en su apartamento, pintando esos maravillosos cuadros que luego, yo vendía a satisfechos admiradores de su arte. Si este hubiera sido un mundo perfecto y no de sombras, la fama lo habría cobijado en su seno, pero fue la fatalidad quien lo adoptó.
Contaba, pues que, de un momento para otro, le fue imposible dormir por las noches, porque cuando empezaba a conseguirlo, repentinamente y sin motivo, una ardorosa sensación de escozor se desataba sobre su brazo izquierdo, como si un reguero de pulgas piratas lo abordaran para despertarlo, entre patadas y maldiciones de medianoche. Lo peculiar del caso radicaba en el hecho insólito de que Santiago había perdido, precisamente, ese brazo, en un accidente de la infancia. No obstante, él sentía “muy real”, la desagradable desazón que le producía el escozor, a lo largo y ancho de su “ilusorio miembro faltante”.
Ya había abandonado su pasión por la pintura y, temiendo más, a la locura que a la misma comezón, se dedicó a consultar médicos, psicólogos y hasta esotéricos de todo el país, con la esperanza rota de hallar a alguien que tuviera la cura para su irritable mal. Mas, ningún tratamiento ortodoxo ni tampoco las terapias más excéntricas pudieron mitigar la ardiente picazón que padecía.
Un buen día, mientras debatía conmigo sobre la vida y obra de Platón; se le ocurrió una idea tirada de los pelos. Entonces, no volví a ver a Santiago, hasta una semana después, cuando por casualidad lo sorprendí saliendo del consultorio del ortopedista, con la nueva prótesis artificial instalada. Lo hallé visiblemente cambiado; no sólo por el brazo postizo que le restauraba la simetría a su figura, sino también por ese brillo en los ojos, de artista vanidoso que, siempre lo había distinguido.
No tuve que preguntárselo porque él no tardó en contarme los resultados: “¡Fue todo un éxito, estoy curado!”.
Su primer día con el brazo artificial, se la pasó en la cama, aguardando con impaciencia la llegada de la noche junto con la caprichosa manifestación del terrible escozor nocturno. Y cuando éste se presentó, por fin; no hizo más que rascarse la zona en cuestión con los dedos de la mano derecha. Naturalmente que no sintió nunca el repetido roce de sus uñas, rascando la piel sintética de la prótesis, pero el acto mismo le produjo una pronta sensación de alivio de la maldita picazón. “Esa noche –confesó- dormí como un lirón”.
Su vida regresó a la normalidad, y sus cuadros volvieron a decorar las paredes de las casas ricas. Poco tiempo después, mientras sacaba punta a sus lápices con una filosa navaja, Santiago se cercenó, accidentalmente, medio pulgar de la mano ortopédica y, sin enterarse siquiera, continuó ocupándose de sus pinturas. Al amanecer, visité su apartamento y ya que gozaba de su confianza, abrí la puerta con la copia de sus llaves. Ahí lo encontré muerto, tirado en el suelo como si estuviera durmiendo; sin ningún signo de haber sido atacado.
Luego de realizar minuciosas investigaciones en su vivienda y de practicarle la autopsia al cadáver, los médicos forenses, anotaron:
_Causa del deceso: “Aparente” muerte por sangrado profuso.
_Tipo de hemorragia: No interna, no externa, no exteriorizada por orificios naturales. No existe herida, ni daño patente.
_Conclusión: Por el momento, no ha podido hallarse una clara explicación para este caso.
|