¿Por qué la gente cree en Dios? Se podría hacer una enorme enumeración, partiendo por la razón de serle devoto a la figura o ser que nos ha creado. El problema viene cuando no sabemos si es Dios quien nos ha creado. La manera como se difunden las religiones a través del tiempo es por medio de las asociaciones primitivas, que es una férrea conexión neuronal creada en la infancia, lo cual destruye cualquier posibilidad de inculcarle una nueva creencia de ese tipo. Ya utilicé esta cita en un ensayo pasado, pero creo que es importante para comprender las asociaciones primitivas:
“Si yo sugiriera que entre la Tierra y Marte hay una tetera de porcelana que gira alrededor del Sol en una órbita elíptica, nadie podría refutar mi aseveración, siempre que me cuidara de añadir que la tetera es demasiado pequeña como para ser vista aún por los telescopios más potentes. Pero si yo dijera que, puesto que mi aseveración no puede ser refutada, dudar de ella es de una presuntuosidad intolerable por parte de la razón humana, se pensaría con toda razón que estoy diciendo tonterías. Sin embargo, si la existencia de tal tetera se afirmara en libros antiguos, si se la enseñara cada domingo como verdad sagrada, si se la instalara en la mente de los niños en la escuela, la vacilación para creer en su existencia sería un signo de excentricidad, y quien dudara ameritaría la atención de un psiquiatra en un tiempo iluminado, o la del inquisidor en tiempos anteriores.”
Ahora, si Dios existiera y que todo lo que profesara Jesús fuese cierto, ¿existe el deber de agradecerle a través de los rezos? Si mis padres me concibieron ¿estoy obligado a agradecerles? A mi juicio no estoy obligado, pero es lo mínimo que puede hacer un hombre, que no significa construir enormes complejos con el nombre de nuestros padres, y arrodillarnos frente a figuras utópicas vestidas con diamantes, y peregrinar carreteras hacia un templo sagrado. Eso, en mi opinión, es locura.
Si Dios es el creador del Universo, ¿están obligados los geranios a rezarle a Dios? Pareciera que sólo los seres vivos poseedores de la razón deben rezarle a Dios, pues hallaría absurdo que el moho que crece sobre las paredes húmedas del castillo de Nueschweinstein también deba rezarle a su supuesto creador. Como aparentemente los humanos somos los únicos facultados con la razón, y con las devastadoras consecuencias que esto suscita, también fuimos, somos y seguiremos pensando y rezando un Dios.
No hay que confundir al Dios cristiano con Dioses de otras religiones o creencias, no hay manera de comparar a Mulukú (Dios supremo de la mitología africana) con los Dioses de la antigua Grecia. Aunque claro, esto sólo en el aspecto estético, pero en esencia, ambos Dioses corresponden al mismo concepto de “creador de las todas las cosas”. Lo fantástico de todo esto es que los mayas, que supuestamente nunca colisionaron con las culturas europeas antes de Cortés, también poseían sacerdotes y profetas, en el fondo, poseían una religión y adoraban una figura creadora. Se podría especular mucho sobre esto. Recientemente James Watson (denominado el “padre del ADN”) habilitó en Internet su genoma, con esto se pudo conocer que descendía de África, y que además poseía genes de Oriente. Esto es interesante, porqué todo se enredaría si el humano hubiese brotado de manera dispersa sobre la Tierra, pero si el hombre proviniera de un primer hombre creo que todo se haría ligeramente más sencillo.
Entonces, siempre en las culturas humanas han existidos figuras que apuntan al mismo concepto: el de la creación. Se podría explicar de muchas maneras, quizás con los arquetipos de Jung, esa memoria arcaica. ¿Pero cual es el fin de todo esto? Lo desconozco, pero se aprecia un instinto inexorable. Es como cuando un adolescente se entera que es adoptado y trata desesperadamente de hallar a sus padres biológicos. ¿Tiene esto algún sentido? Sí, saber como son, conocerlos, tenderle la mano, preguntarles porqué me hicieron esto, abrazarlos, llorar, etc. Creo que como muchas personas he imaginado que le preguntaría a Dios si lo viese, pero hace mucho que perdí la esperanza, no así el deseo soterrado. Esto explica porqué la necesidad de conocer las raíces.
Como decía San Anselmo, “Ahora bien, existir sólo en el entendimiento implica una limitación que se vuelve contradictoria con lo más grande que puede pensarse (Dios). Hay que pasar, pues, de la existencia en el entendimiento a la existencia (in intellectu) en la realidad y por si misma (in re et per se)”. Dios siempre ha existido en nuestro entendimiento, nunca lo hemos visto, pero nunca hemos podido desprendernos de su concepto.
Yo creo en el Dios conceptual, pero nunca en el Dios de ninguna religión, menos en el cristiano, y en la Iglesia corrupta que ha implicado un sinnúmero de efectos desastrosos para la humanidad. Pero debo confesar que lo que más me inquieta de todo esto es que, como niño adoptado, tiendo a buscar a mis padres sin saber porqué. Soy como un salmón que, en el final de su vida, vuelve a su origen contra la corriente.
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