Pasado un poco el tiempo fui recuperando la confianza, de salir más en las noches nuevamente, aunque siempre miraba para todos lados. Evitaba andar solo como siempre, tratando siempre de escudarme en grupos. Así me sentía mucho más seguro., aunque también es hecho de salir con amigos me hacía sentir ajeno a lo que pasaba. Mis amigos frecuentaban las discoteques y pubs de moda, donde se podía bailar y conocer minas huecas, y eso no era lo que yo buscaba. Aún así lo hacía.
Julián, el tipo que vivía conmigo, quien por lo demás es mi mejor amigo, estaba al tanto de toda la historia. De la pelea en el local, de Carolina Anaís, de cómo la conocí, que hacía, de lo que me harían a mí… todo. Hasta que también conoció a Carolina, un día que se quedó conmigo en la casa.
- Carolina, aah…? Carola… Bien rica tu Carolina, hueón… que querí que te diga…
- Eeehhh… sí. Está bien rica, no es cierto? – contesto.
- Y… valdrá la pena?
- La pena de qué, hueón… de qué…
- De que te anden buscando pa´ matarte, poh hueón. O para sacarte la chucha, al menos. De cuando que anday defendiendo a las cafeteras, hueón? De caliente no mas, no es cierto?... Ahora si que las cagaste…
- Cállate, hueón…
- Ja… me extraña de voh… Si erí tan “choro noche”, demás que sabes en que huevá te estay metiendo, cierto?... No te hagay el hueón… tení mucho que perder por una calentura…
- Si sé, hueón, si sé…
- Entonces, poh, hueón, entonces… En las huevás que estás metido, y me dices “Si, sé, hueón, si sé…”. Me parece que te estás poniendo bien huevón... no te voy a decir nada más, pero te vay a meter en un forro bien grande, hueón...
- Ya, chao no más...
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En el fondo Julián tenía razón. No era buena idea involucrarse con alguien que “le lleva” pelea, matones y todo eso. Pero ya estamos en esto, además cambiar un poco el ambiente también será bueno...
Hasta que llegó una noche en que Carolina me dijo:
- Oye, y si vamos a ver a mis amigos?
- A tus amigos?... – pregunté.
- Si poh, a mis amistades. Con los que carreteo siempre. De todas maneras no vas a ir al “Britania”, no es cierto? Que te parece la idea? Para que los conozcas, lo vamos a pasar bien... Vamos...
- Y, que onda? Salimos con ellos, o qué?
- No... vamos a su casa. Ahí siempre carreteamos, nos tomamos algo...
- Bueno...
Estábamos en mi casa, aunque no era tarde. La noche estaba algo fría, pero no era una mala idea salir. Ya estaba algo aburrido de pasar los fines de semana en casa, así que busqué los cascos, la chaqueta, y pasé a comprar un trago, mientras Carolina llamaba por teléfono.
- Ya... nos están esperando. Vamos?
- Si, todo bien. Y donde es?
- Acá, en Valparaíso. Cerca de la Av. Argentina, tras la Torre Valparaíso. Subimos un poquito por el Cerro Larraín, o Polanco, no estoy segura, pero sé llegar...
- Bien... vamos, la moto está afuera. – digo, mientras cierro la puerta.
- Ah, eso sí, tengo que decirte algo... es que... es con respecto a mis amigos...
- Qué? Qué pasa con tus amigos? – inquirí. Su cara no era de tranquilidad.
- Es que... no sé poh, igual no te puede gustar algo...
- Como qué? Qué, pues...?
- Es que igual, hay algunas personas que pueden estar ahí, que... Digo, es que hay algunos gays ahí, y si...
- Qué? Gays? Maricones? Tus amigos son maracos? No, me estay hueviando... Ja, ja, ja... no, no estoy ni ahí con ir a una casa llena de huecos.
- No, pero igual, Claudio...
- No... ja, ja, ja... no creo que sea una buena idea.
- Ah, que erí cuático, hueón... si no son todos. Yo te digo que puede haber uno, o dos, pero no todos. Si hay amigas también. Ya poh... si no te vana hacer nada, oh...
- Ja, ja, ja... y si me curo, y se curan, y parten agarrándome el poto, o el paquete? Ja... si no soy na´ pollo, oh... tu creís que yo soy hueón...
- No, hombre, no... si no pasa nada... Vamos poh, primero conoce, después hablas. No seay xenofóbico... Claudio.
- Homofóbico – le corrijo.
- Eso, lo que sea. Ya, no te pongay hueón.
- Ja, ja... chucha, si me viera mi mamá, hueón... Ya, vamos.
- Ja... vamos...
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La Av. Matta, del cerro Placeres estaba desierta cuando bajamos. Luego de llegar a la Universidad Federico Santa María se abrió ante nuestros ojos la postal de Valparaíso, iluminado en la noche. El puerto, el muelle Barón, los cerros, el plan... siempre me pareció un espectáculo maravilloso esta imagen, de la que nunca me aburrí de mirar. Luego de bajar al plan, se abrió ante nosotros la Av. Argentina. Rugió el motor de la motocicleta y nos enfilamos hacia la Torre Valparaíso.
- Por aquí, a la izquierda. Subimos por esa calle. – me indicó Carolina.
Tomamos una calle poco iluminada y pequeña, de la cual, a la primera curva, apareció la casa.
- Aquí es.
Era una corrida de casas antiguas, hundidas por el tiempo en la pequeña acera. En frente de la casa estacioné la moto. Se escuchaba música y risas. Tocamos la puerta, y al cabo de un momento se abrió.
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