III
Aria para soprano dramática
La mujer en el cristal reflejada
(su espejo todavía la ve atractiva)
apoltronada en el aburrimiento,
apenas puede acallar el lamento
bajo el grueso maquillaje de diva
con el que suele estar aderezada.
“¿Dolor? Ya no lo siento.
Ya ni sé si estoy viva,
soy la cáscara altiva
de mí. Un vano intento”.
Imperceptible el turbio pensamiento
que oscurece su alma antes delicada,
la dama, frente al tedio resignada,
parece perder la calma un momento.
Lágrima tan salada.
Luego un sollozo. Nada.
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