La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net - Entinieblas - 'El Funeral.'


El Funeral.

Las maquetas allí presentes ignoraron por completo mi llegada y no mostraron sorpresa alguna al verme atravesar la puerta.
Los conocía a todos, la familia, los amigos y una interesante cantidad de mujeres, todas vestidas de noche, algo que entendí extraño ya que eran las diez de la mañana…
Procuré hacerme notar dando un ruidoso portazo pero tan solo unos pocos miraron indiferentes.

Sonaba música, música de la buena, rock and rolles con los que había consumido neuronas y soledades de tiempos difíciles.
Se comía y se bebía con demasiada naturalidad y realmente me intrigaba saber la razón por la cual se estaba festejando, y lo peor, porque no me habían invitado…
Busqué a la princesa del lugar, en toda ceremonia hay alguna doncella deseando ser mía o más humilde, que deseo hacer mía; revolví entre todas las miradas, que bajo algún conjuro indescifrable estaban decididas a esquivar mis ojos y una vez más, seguí sin tener suerte.

Fui abriéndome paso, estaba realmente concurrido el lugar y casi a los empujones pude llegar hasta el centro del salón. Allí las mujeres formaban un circulo alrededor de algo que no llegaba a visualizar nítidamente, seguí empujando y logré ver…
Y allí estaba…en el centro del salón, que jamás había visitado y ni idea tenía de cómo llegar, había un ataúd…si un ataúd al que todas esas damas se acercaban, acariciaban la madera y depositaban algo dentro, algo que moría por descubrir…

No quise estorbar aquel extraño ritual con mi desconcierto, que a bordo de la curiosidad hubiera roto el encanto de la secuencia y de esa escena.
Me mantuve en silencio y esperé a que alguna de estas bellas señoritas se alejara del finado para poder interrogarla y despejar mis dudas.
Entonces fue que la vi, era una hermosa mujer de cabello negro muy oscuro, de piel blanca y una belleza cautivante, tenía un largo y sensual vestido del mismo color de su pelo, con un escote que luchaba por contener tanta belleza; la intercepté cuando regresaba de brindar sus condolencias y de cumplir con la locura que todo aquello emanaba, esa especie de adoración hacia aquel cadáver que debió enamorarla con demencia…

Sus ojos, al verme, expresaron sin querer la sorpresa que nunca hubiera deseado encontrar…
- Disculpe, señorita, que es lo que depositan en el cajón?- Dije con auténtica intriga.
Hizo un breve silencio, tragó saliva y besándome húmedamente la mejilla dijo…
- Son poemas, son versos que alguna vez, nos has escrito…
- ¿Qué yo he escrito? – Soné desesperado - ¿Pero a quien velan, dime? – Exigí una respuesta.
- ¿No lo sabes? Estás en el funeral del poeta que alguna vez supiste ser, es su funeral y todas tus musas estamos devolviendo la poesía y las mentiras que nos has obsequiado, son tuyas y deben morir con vos…

No quise saber más, no me interesaba oír ni una sola palabra más de la princesa que había ido a buscar, de esta musa de ocasión que montada a un negro luto vomitaba su dulzura y su despecho en mis orejas.
Y volé, volé muy lejos de aquella parodia, marche sin la necesidad de verme muerto y salí corriendo teniendo una indescriptible sensación, una especie de confirmación de que algo milagroso acababa de ocurrir, de que algo extraño y conocido estaba naciendo dentro de mi…


Texto de Entinieblas agregado el 14-12-2007.
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