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Inicio / Cuenteros Locales / blasleon / Caracortada

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Los más le llaman”caracortada”, por aquello de la película; otros, los menos, que no han visto la película, le llaman también ”surco en rostro” o “dos caras”. Porque nadie conoce la historia, o nadie se ha preocupado de indagar sobre el pasado del muchacho taciturno, que cada día se sienta frente al lago del parque y ocupa las horas observando las barcas atadas en el embarcadero, al otro lado y que casi nadie utiliza. Cuando ocurre, muy de tarde en tarde, “caracortada” o “surco en rostro” al que también llaman “dos caras”, se levanta del banco y abre bien el ojo sano, que el otro, traspasado por la cicatriz, no logra estirarse ni a la mitad. Nadie sabe, entonces, que, algunos años atrás, en otro lugar, donde no había un lago, sino un río caudaloso que partía en dos la vida cotidiana, otros le conocían por el inventor y estaban seguros de que llegaría tan lejos como se propusiera. Pensaban en una profesión, ya que en aquel lugar los estudios no pasaban de primaria, en clases compartidas de a fila por curso. Y es que el muchacho se dedicaba a desarmar cualquier artilugio mecánico, para volverlo a armar y, aunque a veces le sobraban piezas, siempre funcionaba y cumplía una nueva función. Hasta el día en que una idea le vino a la mente: Al otro lado del río, simétrica a su casa, había otra casa, donde vivía una niña de su edad que cada tarde le saludaba, agitando la mano. Él contestaba, sin poder evitar ruborizarse. Una tarde pensó que la única manera de desterrar la vergüenza, era hablar con ella. Entonces se fijó en la barca que utilizaba su padre para ir a pescar. Fue al cobertizo de las herramientas y, revolviendo, encontró lo que buscaba: Un viejo ventilador roto, al que aún no había encontrado utilidad. El domingo, temprano, se puso manos a la obra: La barca de remos tendría motor. Todo iba bien, hasta que puso en marcha el invento: La hélice se soltó al tomar velocidad y le ruborizó la cara para siempre. Nunca logró hablar con la niña y a causa del impacto se le nubló la mente. Ahora, en la ciudad, donde su padre trabaja de pescadero en un mercado, él sólo sabe que está al otro lado y quiere regresar.


Blas León

Texto agregado el 15-12-2007, y leído por 134 visitantes. (9 votos)


Lectores Opinan
2008-03-19 19:46:34 Triste historia y triste realidad, juzgar, comentar, apodar sin saber qué hay detrás de una apariencia determinada... Eres único contando historias, de verás eres un gran escritor. Me ha impactado, no es un texto superficial, y como dice stelazul, toca... Mis estrellas y saludos. nayru
2008-01-22 11:49:47 El hombre (la mujer) es esa persona que se vale de su inteligencia para conseguir su propósito, el proyecto de su identidad en proceso, pero he aquí que siempre sale trastocado en su invento, en su intento, y así anda tuerto con un ojo aquí y el otro traspuesto. azulada
2008-01-14 15:01:44 Muy bien contado. Y toca dentro. A veces las cicatrices se ven fuera lo que las hace aún más difíciles, pero sinduda que dentro hay muchos ojos que escudriñan el algua ansiosos de llegar al otro lado. Stelazul
2008-01-07 17:34:45 Fue uno de los mejores cuentos del "Reto". margarit a-zamudio
2008-01-06 00:53:10 Es una buena historia, me gustó, pero también noto que le falta algo. Está como escrita a las rápidas. Aunque, tiene toda la claridad y la atracción que exijo como lectora. saudade
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