Cuatro caballos negros corren a la orilla de un mar de leche. Eva los observa, sentada en la playa, manchando de vida sus labios, mordiendo una ciruela.
Huesitos pelones forman un rosario alrededor de su sombra. Cuatro caballos negros tinta y el dulce ácido de la fruta vencida, devorada con minucia, con sol poniente, con viento sur, sobre la húmeda arena color desvelo, tersa materia, multitud microscópica pegándose en la falda, en las cejas, en el color negro de la crin de Eva que muerde y cabalga cuatro fases lunares, cuatro estaciones del año, cuatro puntos de fuga, deshojando la rosa de los vientos, siendo cuatro jinetes del Apocalipsis en una sola Eva mordiendo ciruelas negras, sentada en la playa, mientras el-mundo-se-cae-a-pedazos.
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