¿Y si muerdo mis venas?
No es que me retuerza el vicio,
ni unas voces murmuren que voy apenas
de la vida desempeñando el oficio.
El trabajo duro y nefasto
de carcomer las diademas
del sentido en que crece flor y pasto,
envileciendo la vida, defendiéndola en -sucios- lemas.
No me quejo y me palpo entero,
y aunque no tenga dinero,
sí me siento sincero,
no hago más daño ajeno,
mas tampoco me someto
a regirme a un panfleto
del buen sentimiento,
del correcto pensamiento,
y tranquilo permanezco
en la voz-desgarramiento,
placer incontenible, sin pleitos
exagerados, para mí menospreciados.
Escalones de versos,
mejor dicho parábolas
que van tirando mis sesos
en una forma ovalada.
Ascensor de cuentos tensos
a la droga me pienso
y no elaboro coartadas,
porque os repito, esto pa' mí
no es una cagada.
Aunque a veces inconexo
me presento a las vistas,
y me hago más leso,
no me pierdo en revistas
ni tampoco en las listas
de imbecilismo intenso
que vive tanto arribista
en permanente descenso.
Ya veis, no soy un genio,
y no puedo decirles
¡Oigan qué bien dice'ste pergeño
que descascara sus pieles
y las plasma en su cuaderno!
A ver si alguno en exagerados decibelios
me otorga un abrazo enfermo
de'sos que mandamos al sepelio,
por ser terribles, (y eternos)
blasfemos y poco serios,
¡Puaj! cultura-termo
temiendo demonios
vanagloriando al de terno,
legalizando el expendio
de lo que se dice tierno,
poniéndole el precio
de un infinito infierno
a lo que no es fuerte y recio
pa' producir sus pernos.
Desprestigiaron lo intenso,
e impusieron que ameno
es un lago sin cieno...
¡Oh!, ¿No creéis que me apeno?
Pues me siento indefenso,
una garganta sin truenos,
un impulso sin frenos,
truncado esperpento me_he vuelto.
Intransgredible lo ajeno,
así ha sido impuesto...
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