Llevo días dándole vueltas a este texto.
No sé, he tratado, quién sabe, si con poco éxito,
de evitar que se entrometa en él, el verso,
porque es para ti.
Porque tú, aunque sin darte cuenta,
eres poesía,
te concibes en la estructura de una prosa sencilla,
sin complicaciones de rimas y estrofas,
ni metáforas o sinécdoques.
Tan distinto a mí,
que me seduce la palabra transformada,
con la que digo sin decir lo que mi alma siente,
donde me refugio cuando me asaltan los temores, las dudas
y la incertidumbre de tu cercanía,
de tu ser torbellino que se deja capturar,
en el sosiego de mi espíritu
tenue y sereno.
Sí,
alguien de pronto cambió las piezas de lugar.
No puedo negarlo.
El tablero, ya no es el mismo.
Sin embargo,
no logro descifrar el cómo ni el cuándo.
Sólo sé que un día,
tu nombre,
que era un sonido ocasional
proveniente de otras latitudes
hoy resuena en mi vida cotidiana
como el tintineo de la taza
al chocar con la cuchara
cuando endulzo mi café prieto en la mañana.
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