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Inicio / Cuenteros Locales / vihima / Los MuerTos del CoraZóN

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Ocurría, hoy estaba siendo uno de esos días raros, cíclicos, en los que una especie de lluvia acética te explota por dentro y te arranca la piel a tiras. Sí, el proceso sería bastante doloroso, pero sabía que si era lo suficientemente fuerte como para dejarme arrastrar, siempre quedaría un tiempo para verme los huesos.

El desencadenante del parto había sido aquella película, esa música se me había metido en las entrañas desde la primera vez que la oí, hacía más de un año, no sabía de que iba, pero todo mi cuerpo me avisaba de que ahí había algo, algo para mí… aun no había reunido el suficiente valor para verla, hasta esta tarde...
Cuando esperas la lluvia no siempre llega de la forma que crees… Entonces supe lo que tenía que hacer.

Fui…

Ella me esperaba sentada en un banco, en aquella avenida al lado del río, el río de nuestras historias. La esperaba así, vestida de negro, con los ojos brillantes, como la última vez. Sentí una gran alegría al verla, y sé que ella sintió lo mismo, pero nosotras… nunca nos abrazamos.
Sé que miró mi rostro, que ella podía notar el cambio, nadie más lo haría, pero ella, tenía que estar viéndolo. Se levantó un viento frío, el cielo olía a lágrimas.
“Has venido” dijo, y me sonrió con los ojos vidriosos. “Sabía que lo harías”

La verdad, nunca hizo mucha falta que habláramos mucho para saber, pero ahora, quería contarle tantas cosas, todo el complicado proceso al que me estaba enfrentando, todo lo que estaba descubriendo, cosas que no podía compartir con nadie más. Miré arriba, a las nubes, que se agrupaban furiosas encima de nosotras, como si el cielo quisiera castigarnos.

“No sé qué decir” Le dije
“Di lo que dé tiempo” contestó

Ambas sabíamos que no habría mucho tiempo…

“A veces, en las malas épocas, soy capaz de notar mi propia química, mi propia energía vital… y algo cálido me invade, algo muy bueno… y me doy cuenta del gran regalo de estar conectada, y de sentir esa energía fluir también dentro de mí… En esos días me siento estúpida por tanto sufrimiento y aprendo a guardarme las lágrimas para las grandes ocasiones.”

“Y hoy es una gran ocasión…”

“Sí, pero no hay lugar para eso…”

Su expresión se oscureció, su piel estaba cada vez más blanca y la oscuridad se ceñía por las partes donde habían huido los pájaros. Había tanta belleza en su tristeza, siempre he sentido debilidad por las almas atormentadas, en ese momento sentí que la amaba más que nunca.
Proseguí:
“Sabes que esta empatía que padezco es como una mala maldición, cierto es que me ha aportado grandes cosas, pero no soy capaz de aceptar el lado oscuro”

“Sabes que esa parte es inevitable…” Me sonrió.

“Lo sé, y sabes que pese a mi negación nunca he renunciado a sentir, pero ahora es diferente, vengo a decirte que al fin lo he comprendido todo.” Le agarré la mano. “He comprendido que el problema no es perder a quienes amamos sino el no saber dejarles marchar. Hay que saber reconocer el final… yo nunca he sabido cuando era el final…”

“Eso no es cierto”

“Bueno, tal vez lo sabía pero no quería ser consciente”

“Ahora lo eres” Abrió mucho los ojos. Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. Lo sabía, ella lo sabía… Claro, no podía ser de otro modo. Bajé los ojos y seguí hablando, su mirada me turbaba demasiado.

“Creo que cada uno de nosotros tenemos una especie de misión, de aportación concreta en la vida de quienes nos rodean, y a su vez ellos la tienen sobre la nuestra. Hay personas cuya aportación es de por vida, son los lazos más fuertes, y otras cuya aportación es temporal aunque no por ello son menos importantes. Ahí es donde interviene el amor, cuando hay amor y esos vínculos se rompen provocan grandes heridas difíciles de cicatrizar…Esos son los casos más complicados, tendemos a resistirnos a la pérdida, aun cuando todo nuestro cuerpo nos dice que ese tiempo ha acabado”

“Es parte de nuestra extraña naturaleza, quizá es que nuestra maquinaria no está hecha para soportar tan potente combustible”

“Sí, supongo, no sé exactamente por qué, pero a veces el precio de amar es terriblemente alto, y cuando hablo de amor lo hago en el sentido más amplío, no sólo amor de pareja, también el amor de un hijo a un padre, o de una hermana hacia su hermano. Quizá sea porque no siempre los aprendizajes concluyen al mismo tiempo, o tal vez sea que simplemente estar vivo duele. A veces ocurre que la otra persona desaparece sin más, sin explicación, se aleja. Otras el proceso es lento y cada vez el lazo se estira más hasta que un día hace clic, y se rompe… Otras veces la otra persona muere o tal vez acaba haciendo algo que te obliga a ti a tomar la decisión… da igual el modo, al final cuando llega el momento, pasa, inevitablemente, pasa, pese a que te opongas, ya no hay vuelta atrás… De hecho la resistencia hace que te retuerzas sobre la herida y la ruptura se hace más dolorosa…”

“Lo sé”

“Pero al fin comprendí” La miré muy cerca, era como mirarse en un oscuro espejo. “El corazón te dice cuando llega el final, hay que saber dejar ir a quienes amamos. He comprendido que en el fondo esa pérdida no es real, nunca estamos solos. Algo de esa persona te impregna para siempre y algo tuyo se impregna para siempre en esa persona, se produce una simbiosis, una química extraña, como un hijo…”

Las dos sonreímos, su mano me agarró muy fuerte, me acarició la cara y comenzó a llorar silenciosamente, las lágrimas caían de sus preciosos ojos. El cielo soltó una lluvia suave, nunca había visto una imagen tan hermosa, tanto como podía serlo mirar a un ángel.
“Nunca te he visto llorar…” le dije

“Oh cariño, pero esta es una gran ocasión.” Sonrió tristemente. “Ahora dímelo, dime la verdadera razón de tu venida”

Comencé a llorar amargamente.

Ella me agarró los hombros y me secó las lágrimas, nunca habíamos tenido un contacto tan íntimo. “No tengas miedo” susurró en mi oído.

Me armé de valor. “He sabido de tu poder” Ella no mostró asombro. “He sabido de tu habilidad para cambiar las historias” Rompí en un llanto desgarrado. “¡Duele demasiado!..., no…, no puedo más…. No puedo hacerlo sola… ¡Necesito tu ayuda!”

Entonces ella por primera vez me abrazó, seguía llorando en silencio mientras mi llanto era casi un grito, pero poco a poco me calmó, su olor, era dulce, agradable, su piel era suave, su latido se mezcló con mi latido y una energía cálida me invadió.

De pronto me agarró bruscamente, su abrazo era fuerte, poderoso, como el de una constrictor. “¡Sabes lo que hay que hacer!” gritó. Yo quise soltarme pero no me dejaba, era demasiado fuerte. “¡Nooo, no puedo!, ¡debe haber otra forma!!”
“¡No, no la hay!, ¡tienes que hacerlo ahora!”
“No, no puedo…” sollocé…”no me pidas eso”. El dolor me aflojó y ella me separó suavemente cogiéndome la cara:
“Me lo has pedido tú amor, es la única ayuda que te puedo dar, no hay más tiempo, por favor…, has pasado mucho hasta venir hasta aquí, no hay vuelta atrás”

Ella tenía razón, no había otra manera y yo lo sabía, ambas lo sabíamos, no tenía que pensarlo, sólo actuar.

Así que la agarré, mis manos subieron por su cuerpo y ella se estremeció. Era como tocarme a mí misma. Una fiebre extraña se apoderó de mí, y de ella, nunca lo había hecho antes pero de algún modo sabía cómo era, cómo hacerlo para que fuera suave y rápido, para hacerla sufrir lo menos posible.
Su cuello apareció blanco y virginal ante mí, le aparté el cabello y me apreté a ella como una sanguijuela. No podía ser de otro modo, me repetía mientras la excitación del depredador me envolvía y ella se iba desvaneciendo dejando pasar toda su sangre por mi garganta.

Entonces pude sentirla ir, dulce y lentamente, con todo su amor estallando dentro de mí, sus ojos se apagaron en un éxtasis de liberación, yo cerré los míos y entonces la vi, claramente, con sus negras alas abriéndose paso bajo mi piel, por mis venas, por aquellos túneles que tanto miedo me daban… Ella, se alzó colosal en aquel pasillo oscuro, en esa especie de guardería abandonada donde tanto horror había padecido, entonces se paró allí, delante de esa puerta con el símbolo extraño, como el de aquel libro, absurdo, un corazón dibujado por un niño.

Su cuerpo se tensó y de un fuerte golpe rompió las cadenas, las cadenas de la puerta dejándolos escapar a todos…

Todos salieron… al principio parecían zombies, enfermos por el cautiverio… pero poco a poco, los fui reconociendo, uno a uno, todos ellos, eran los seres que yo tanto había amado… y perdido. Todos se miraban confundidos y tocaban a su liberadora como niños, mientras ella sin perder tiempo abría ventanas por donde entraba luz, y ellos iban recuperando sus formas originales y reían eufóricos y corrían fuera, hacía su preciada libertad, todos ellos, los muertos de mi corazón, lejos de su cínico ataúd, lejos de mí al fin…

Cuando terminé estaba calada hasta los huesos, pero la lluvia había cesado y el ángel caía muerto delante de mí, aunque sólo yo pudiera verlo.

Después miré la luna y desplegué mis nuevas alas, aunque nadie más pudiera verme...


…Iniciando secuencia de ALQUIMIA…



Domingo, 09 de diciembre de 2007, 18:50:26
(Tras ver LA FINESTRA DI FRONTE)

Texto agregado el 23-12-2007, y leído por 214 visitantes. (5 votos)


Lectores Opinan
2007-12-29 00:55:33 Me zampé una tilde, perdón. :) Joscript
2007-12-29 00:50:50 Salpicas con alegoría meteorologica escenas de un intimismo fratenal. No esperaba el desenlace surrealista. (De nuevo me suscitas una historia paralela) Joscript
2007-12-28 06:08:16 "el cielo olía a lágrimas", liberación, "lo mejor de nuestra piel es que no nos deja huir" cantaba alguien por estos lugares, pero todos esos seres que acumulamos merecen a un guiño de bondad. Ahora que alguien me libere, quedé poseído en vida por estas letras... lalokiur
2007-12-27 23:47:44 cuánta belleza.. esa gran despedida.. gran alquimia. Me encantó todo el texto. Sobretodo cuando el cielo deja caer la lluvia suave, acariciando el momento.. Bello Heredero
2007-12-25 00:46:13 interesante texto yakus
2007-12-24 14:36:58 menos por menos da más. interesante proceso, quizá haga un manual para describir el progreso emocional. muy bueno 3143km
2007-12-23 20:18:00 las cosas son en cuanto son y no lo son en cuanto no lo son, todo lo demás son mapas de una tierra que no se sabe como llegarla. Sin embago estragados en nuestras propias historias ensayamos explicaciones que nos sirvan de escayolas y que generen el élitro que cubre nuestras mas sensibles alas. Necesitamos explicarnos tantas cosas que no se consiguen encontrar, tantas que es preciso explicarlas, la realidad entera nunca existe, solo existen sus interpretaciones y ese es el problema, bendito y maldito problema Sole, de él cojeamos, volamos y exploramos nuevos nuestros. Muy buen texto, como siempre... MAncebo
 
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