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También el infierno tiene sus héroes (III)
También el infierno tiene sus héroes III
Los tres Sherman se deslizan por un mar de ruinas; sus vientres de acero se precipitan entre los escombros para volver a emerger con un angustioso ronroneo. Racimos de G.I.´s cuelgan de sus torres o se ocultan a la sombra de los tres monstruos mientras avanzan por la avenida que conduce a la plaza. Un M3A1* provisto de una pieza de artillería antiaérea dirige el ataque algo más retrasado.
De repente una MG 42 ladra en el aire, algunos G.I.´s caen. Los soldados buscan la protección de los tanques o se parapetan entre las ruinas, pero el Sherman más próximo empieza a disparar y pulveriza a cañonazos la fachada del edifico de donde proceden los disparos y salva la situación. Entre el polvo y los cascotes aparecen dos sombras con los brazos en alto y los uniformes desgarrados.
--Don´t shoot!! -- gritan.
Un enorme G.I. negro corre hacia ellos y los derriba de una ráfaga de su “Thompson” y sin detenerse escupe sobre uno de los cadáveres.
Cada vez que los americanos encuentran resistencia en su avance, primero los tanques y luego la infantería, entran en acción y la aniquilan. La mayoría de los defensores ha abandonado la avenida y los atacantes están ya casi en la plaza.
El Sherman que dirige el ataque dobla la última esquina antes de desembocar en la plaza, cuando desde un nicho oscuro a escasos metros de sus orugas surge una lengua de fuego que lo envuelve y el tanque revienta tras un instante. Varios G.I.´s se retuercen entre alaridos hasta que dejan de gritar consumidos por las llamas y se transforman lentamente en muñecos de carbón.
Los G.I.´s logran arrojar sus bombas de mano por el agujero y una explosión sorda enmudece los gritos de los defensores. Cuatro granaderos intentan huir por una puerta lateral que da a la plaza; son los restos del pelotón de Poulsen, un berlinés algo mordaz a quien Kurt conoce desde hace años. Los Sherman los descubren y disparan sus armas ligeras; dos granaderos caen; uno de ellos comienza a arrastrarse dejando un reguero de sangre, es el del lanzallamas, un joven recluta bávaro que solloza pidiendo ayuda. Su compañero más cercano se gira dispuesto a socorrerlo, pero una ráfaga de ametralladora lo parte prácticamente por la mitad. El herido continúa arrastrándose hasta que uno de los Sherman se abalanza hacia delante y lo alcanza; sus aullidos son ahogados por el rechinar de las cadenas y una masa sanguinolenta queda pegada al asfalto. Poulsen, el último superviviente, desaparece por las ruinas de un callejón y los proyectiles muerden la piedra a su espalda.
Un Sherman permanece en la entrada a la plaza cubriendo al otro tanque que se dirige hacia su centro. La infantería y el vehículo mecanizado los siguen.
Nils, el letón, ahora más calmado, se ha olvidado de sus monólogos y acaricia el "Panzerfaust"* que sostiene entre las manos mientras observa risueño la silueta del Sherman detenido en medio de la plaza. Más de cinco impactos anti-tanque alcanzan al tanque que comienza a escupir espirales de humo negro y sus tripulantes, algunos heridos, abandonan el vehículo antes de que el tanque explote con una llamarada y su torreta resbale hacia el suelo.
Nils suelta una carcajada apoyándose en el marco de la ventana por donde acaba de disparar.
--¡ Le di, le di..jajá jajá..Le di!
El último Sherman gira peligrosamente su cañón.
"Der Westfale" lo agarra por la solapa y lo empuja escaleras abajo.
-- ¡ Nos han localizado....Fuera, todos fuera, antes de que nos achicharren!
El pelotón aún no ha alcanzado a trompicones la planta baja cuando sobre sus cabezas las paredes del segundo piso se vienen abajo. Kurt mira a Nils que sin casco y con el rostro sucio de polvo le devuelve la mirada con una sonrisa infantil, pero sus ojos sólo expresan fatiga y desespero.
Un verdadero vendaval de fuego se desata sobre los atacantes en la plaza. Los granaderos atrincherados en los edificios adyacentes empiezan a disparar sus armas automáticas. Muchos americanos caen; la tripulación sin tanque se desploma intentando salvar a sus heridos y el M3A1, el vehículo mecanizado, se inflama al ser alcanzado desde una ventana por un cóctel Molotov; su tripulación arde. Únicamente un oficial consigue liberarse de las llamas; apaga su fuego revolcándose por el suelo ayudado por el conductor que acude en su ayuda y ambos corren y se alejan.
El tercer Sherman da marcha atrás sin dejar de disparar y retrocede para desaparecer por la avenida con otros supervivientes.
La noche cae sobre la plaza y se escucha algún que otro disparo. “Los Granadiere” rematan a los heridos y desvalijan a los muertos. Las sombras se tiñen y el vehículo de los americanos aún arde en medio de la oscuridad. En un extremo de la plaza se encienden las luces de un Café destartalado con los cristales hechos añicos. Unos cuantos granaderos cubren los boquetes por donde se cuela el frío de la noche con un pedazo de lona y Kurt y los suyos perciben asombrados la melodía de un Gramófono procedente del interior del Café. La música alegre le resta importancia a los hechos rebajando su relevancia a lo absurdo.
El combate ha finalizado y sin embargo a los supervivientes les llega la hora más dura, la hora en que la muerte comienza a pensar.
M3A1: vehículo mecanizado con orugas
Panzerfaust:. “puño blindado”, arma anti-tanque de origen alemán.
Sherman: tanque medio americano.
Continuará
Rolf
Texto de Grauer_Wolf agregado el 24-12-2007. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net
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