La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net - Macacay - 'La COPA DE AMOR'
La COPA DE AMOR
LA COPA DE AMOR
Hacía pocos días que habíamos llegado a Nápoles, al sur de Italia. Con Javier nos debíamos este viaje porque fue aquí donde nos conocimos. Yo estudiante en ese entonces y él en su primer congreso. Éramos jóvenes y con muchos sueños. Ahora en mis cuarentas, mi vida se puede decir, estaba resuelta, él se había preocupado de ello.
Mi hermana Laura se había quedado con los chicos. La primavera en Gesell es muy atractiva y divertida para tenerlos ocupados
Esa mañana desayunábamos junto a la ventana del hotel frente al mar, Javi en su periódico y yo con mi mirada en ese océano tan inmenso. De pronto mi atención fue hacia una niña que con su largo cabello rubio caminaba entre las mesas ofreciendo flores. Se parece mucho a mi hija cuando era pequeña, pensé, sólo que Celíne ya tenía sus lindos trece años y esta nena no tendría más de ocho. Se acercó a nosotros y mirándome en silencio me ofreció el ramo. La miré con más atención porque era en realidad muy bella, tomé las flores y Javier, presuroso y sonriente, le dio un dinero. La vi alejarse suavemente como había venido y comencé a desenvolver mi ramo, eran silvestres, y su perfume muy semejante al que Celíne guardaba en su ropero. Mientras lo hacia, cayó del paquete un papel que tenía todo el aspecto de ser un poema, de esos que suelen venir para los turistas. Sonreí mientras lo leía, estaba escrito en italiano, idioma que yo entendía muy bien ya que lo había aprendido durante mi estadía.
"Recuerda donde encontrarme, ponte cómoda mi amor, espérame, y si ves que no aparezco, deja en el mueble tu copa, que quede junto a la mía. La puerta, la puerta déjala abierta, yo sabré que tú, por fin ¡Por Fin! Has regresado"
Quedé paralizada. Miré desesperada alrededor, la niña de las flores ya no estaba. Javier seguía en su lectura, pero yo sabía que me miraba. No podía ocultar mis manos temblorosas cuando guardé la nota en mi bolso; a través de la ventana busqué sin saber qué, sólo pude ver gente presurosa y niños abrigados caminando en ese bello y frío otoño junto al mar. Pasaría horas sintiendo ese aire fresco caminando en sus arenas. Las manos de Javi sobre las mías me sorprendieron, es un gesto muy común en él cuando me ve turbada o angustiada, eso me tranquiliza, veo en su mirada el amor que siente por mi y su voz tierna cuando pregunta, ¿estás bien?
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(Años atrás)
Últimamente mis caminatas por la playa se habían echo más frecuentes después de enterarme del nuevo vecino instalado en la vieja casona junto al mar. Solían verlo caminar o sentado en la arena. Un joven italiano, decían mis amigas, está siempre solo y mirando al mar como esperando algo. Todo un misterio. Quería verlo. Saber cómo era. Quién era. Curiosidad de mujer me dije, como excusándome a mi misma mientras caminaba. A pesar de que mis paseos siempre fueron en vano, no perdía mi esperanza. Un día regresando, me llamó la atención un brillo en la orilla, algo que quizás la marea al retirarse había dejado. Me acerqué y semienterrada, alcancé a ver una copa y la toqué con cuidado. Al sacarla noté con asombro que estaba totalmente sana y aunque sucia aun con algas, pude comprobar, gracias a mis conocimientos, que era una pequeña obra de arte de fino cristal.
Seguí caminando contemplando mi valioso hallazgo sin notar la proximidad de alguien que lo hacia en sentido contrario hasta tenerlo casi enfrente. Quedé inmóvil y sin aliento, como si me hubieran sorprendido robando y al cruzarnos, sentí su mirada en la mía. Él, sin detenerse, siguió su camino alejándose sin volverse.
En casa nada cambió, nadie se enteró del hallazgo ni del episodio, pero no dejé de pensar en ese hombre. Estaba segura de que era él.
Los chicos y Javier me tenían ocupada todo el día, sólo cuando miraba hacia el mar me inquietaba. Poco se supo de aquel misterioso vecino, algunos creyeron haberlo visto como adentrándose al mar, pero nadie estaba seguro.
La mañana amaneció fresca, me preparé para mi caminata, tomé mi bolso y sin saber por qué, guardé en él la copa que había encontrado. Estaba muy confundida, siempre me ocurría eso cuando hacía algo sin comprender el porqué.
Llegué a la playa y comencé a correr, tenía ya fijada la ruta, iría directamente a esa vieja casa.
Cuando llegué por fin frente a ella mi corazón parecía que iba a estallar. ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué estaba yo aquí? Mi mente era un torbellino. Estuve a punto de correr y regresar. Estoy loca pensé. Esto se había convertido en algo más que una curiosidad.
Me acerqué lentamente notando que la puerta estaba abierta y se movía con el viento, la empuje, estuve a punto de caerme. Mis piernas casi no me sostenían. Adentro no había nadie, caminé un poco más, mirando con temor a que alguien apareciera y se abalanzara sobre mí. Nadie. No había nadie. Estaba agotada y me senté en un sofá que estaba frente a la chimenea. Quizá regrese pronto, pensé. Afuera, el ruido del viento sobre el parque me fue calmando. Me incorporé por fin para irme, pero antes, mi curiosidad fue más y al abrir un cajón descubrí un cuaderno donde una nota escrita en italiano decía:
"Por qué te tardas mi vida. Tanto ya no soporto. Prometiste estar junto a mí. Que te esperara por siempre. Pero si aquí estas por fin, ponte cómoda mi amor. Espérame, y si ves que no aparezco, deja en el mueble tu copa, que quede junto a la mía. La puerta...la puerta déjala abierta, yo sabré que has regresado"…
Texto de Macacay agregado el 27-12-2007. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net
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