Huelo el éter tan usado por mi como anestésico, mi corazón late pero a un ritmo atípico apenas imperceptible, oigo pisadas y voces frenéticas, diciendo el paciente se nos va, revivámoslo, de repente uno de los doctores se abalanza sobre mi y me golpea el corazón de una manera sistemática, están tratando de revivirme? y creo que no tienen fortuna por que él sentencio: Lo perdimos, pero yo me siento igual con todos los sentidos aguzados menos el de la vista por que no puedo abrir los ojos.
Comienza el desfile de personas conocidas, mis padres, mi esposa todos sollozan y están muy tristes, todos me hablan y les oigo pero los músculos faciales no me obedecen, siento apenas imperceptible los latidos de mi corazón, pero ellos no lo escuchan.
Muchos de ellos aprovecharon mi estado para acercárseme al oído y me decían cosas odiosas: Así te quería ver, por fin te fuiste, descansaremos de ti etc, etc. otros en cambio si me querían bien, por ejemplo la mejor amiga de mi esposa Marian me recitó un lindo verso donde lamentaba mi partida. Saben, para mi no había términos medios o me odiaban o me querían.
Ya para el momento me estaba preocupando y sobre todo había una pregunta que me atormentaba, estoy vivo o estoy muerto? habia preguntas sin responder, como puedo tener conciencia? cómo puede mi corazón latir aunque ellos no lo oigan? dónde ésta el túnel de luz que a los recién muertos espera, y la voz calida que te diga bienvenido hijo mio, estas en el cielo, inclusive amigos hubiera preferido que el mismísimo Lucifer se me presentara y me leyera en las puertas del infierno el letrero que decía "los que aquí entráis dejáis para siempre todo resquicio de esperanza" por que al menos sabría a que atenerme, en cambio en mi estado actual la angustia de estar en un universo paralelo o que se yo, era para mi sencillamente abrumador y traté de llorar pero no me salían las lagrimas.
Y así pasaron las primeras horas y me llevaron, me imagino, a otra estancia, donde me despojaron de todas mis vestiduras y me vistieron nuevamente de una forma displicente y rutinaria como se visten a los muertos para su último adiós.
En lo que yo llamaría mi velatorio, lo deduzco por el olor parafinoso de las velas, mezclado con el olor dulce de las flores mortuorias como los Malabares y los Jazmines y el olor inconfundible del té usado para mantener despiertos a los asistentes. Los amigos y los no tanto iban y venían hacia mí y decían múltiples cosas, por lo menos en mi estado actual podía identificar quien me quiso de verdad.
Y me llevaron a mi entierro luego de tres días de velarme, me llevaban en un ataúd de caoba así podía olerlo, me imagino sobre los hombros de mi padre y mis hermanos (como era la usanza del Londres de la época victoriana) y comenzaron a bajarme al hueco que sería mi última morada y de repente como aquel que se resiste a morir y se lo juega a todo o nada comencé a fuerza de voluntad infinita a inspirar y aspirar silentemente, como quien sopla una hoguera apagada pero que comienza a atizar los primeros carbones, y sentí como las moléculas y enzimas de mi cuerpo comenzaron a agitarse, a calentarse, mis órganos acto seguido comenzaron a acelerarse y a tonificarse, de repente mi corazón apenas unos momentos atrás apenas audible, comenzó a aumentar su ritmo y mi sangre aun purpúrea comenzó a circular a través de cada centímetro de mis venas y arterias y el oxigeno comenzó a fijarse en mi hemoglobina y al fin pude mover un dedo y pensé dios mió si pudieran verme, pero el ataúd estaba cerrado y afuera comenzaban a palear los primeros puñados de tierra sobre él, y algo me decía apúrate es ahora o nunca y concentré toda la energía contenida en mi recién despertado cuerpo en un solo objetivo gritar y como un volcán a punto de erupcionar pude decir (con toda la fuerza que había guardado y que me quedaba) ESTOY VIVO, ESTOY VIVO y me imagino que alguien oyó afuera por que no sentí mas tierra cayéndome y por que sentí el rayo de luz mas encegecedor y esplendido que humano alguno haya sentido alguna vez y luego terminaron de sacarme del hueco y poco a poco sentí que mi cuerpo progresivamente se iba tonificando y lloré con lágrimas humedas de verdad y todos lloramos allí justo al lado de mi otrora última morada en compañía de mis seres queridos.
Y así pasaron algunos meses y comenzaron las investigaciones para encontrar los motivos de la extraña enfermedad que me afectó, hubo muchas teorías, una de ellas, en la que más se creyó, era que padecí de catalepsia, a la que llaman también la enfermedad de los enterrados vivos, pero uno de los forenses de Scotland Yard no se sintió satisfecho por que yo no tenía el perfil de una persona con esa enfermedad y entonces no cerró el caso; siguió investigando y cuando estaba a punto de rendirse consiguió un articulo donde se describía un veneno exótico sacado de una planta en el lejano Amazonas llamado Curare, que se usa como relajante muscular para aplacar los espasmos musculares como los que produce el tétano y éste investigador se ingenio un examen para detectar el veneno y oh sorpresa éste le dio positivo.
Entonces, no fue una enfermedad fue que alguien intento envenenarme, sólo que la dosis que me administro en mis alimentos coincidió exactamente con la dosis umbral del veneno dejándome en un estado justo entre la vida y la muerte; lo que paso después es muy doloroso para mi contarlo por que el responsable de toda esta tragedia era una persona querida por mi y que yo consideraba mi amigo.
Laura y Rigoberto
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