¿Sabes que tu sonrisa es toda la paz de mi alma?
Tu inocencia me trae olores lejanos y lágrimas aún con toda la sal de entonces.
De tus primeras miradas y del primer tacto de tus manos.
¿Qué sentido tendría la vida sin tu voz, dime , qué sentido tendría?
Acaso nunca podrás entender mis palabras.
Quizá sí.¿Quién podría adivinarlo?
¿Quién podrá?
Sólo Dios sabe cuánto yo le pedí a Dios por ti.
Y al final me di cuenta de que ese Dios no estuvo allí nunca conmigo.
Estaba en otra parte.
O es que acaso ese Dios no era mi Dios.
No era nuestro Dios.
Es seguro que no era mi Dios sino el de aquellos otros que siempre se alejan en el horizonte.
De los que andan, rien y hablan en voz alta dando gracias a Dios.
Con todo su sentido y toda su lucidez siempre intactas.
Pero nosotros somos otros,hijo.
Yo te aseguro que no somos hijos de Dios.
Por eso hurgamos en el tiempo tratando de buscar un lugar cálido para protegernos de la lluvia.
Y por eso lloramos tantas veces cerca del mar.
Allí donde nuestras lágrimas sean sólo parte de la espuma que el viento deja cerca de la orilla.
Una y otra vez.
Sin descanso.
Sin fin.
Sin principio ni fin.
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