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Jojojo
¡Jo, jo, jo!
Para la gran mayoría, la Navidad es una mera ocasión gastronómica. Para los menos, una fiesta, una celebración.
Para mí la Navidad significa, antes que otra cosa, un momento evocativo, nostálgicamente evocativo.
Porque a los cinco años dejé de creer en Papá Noel.
Entre sus inefables “¡Jo, jo, jo!” y deseando felicidad, Papá Noel había aparecido en casa de repente, quién sabe de dónde. Parado en medio de la sala, los mayores lo saludaban y aplaudían. A mi hermana y a mí, expectantes y al mismo tiempo temerosos, nos impresionaba el traje rojo vibrante, aquella enorme barba blanca, esa risa profunda y grave.
Papá Noel abrió su bolsa, y de sus bordes deshilachados asomaron los paquetes. Paquetes y paquetitos adornados primorosamente salieron a la luz, y la maravillosa aparición los iba acomodando al pie del árbol.
Todos reíamos, y los chicos saltábamos de entusiasmo.
Y sucedió al minuto: Papá Noel se irguió por unos segundos, soltó lo que tenía y se llevó las manos al pecho y cayó boca abajo contra el arbolito, que quedó desparramado junto a él en un caos de adornos rotos.
Algunos reaccionaron al instante, corrieron a su lado. Otros, permanecimos inmóviles. El grito angustiado de mi madre llenó el silencio, y aún lo oigo.
Papá Noel había caído fulminado —dijeron luego—, por un ataque al corazón.
Nadie impidió que me acercara. Y ahí mi ingenuidad descubrió el primer gran dolor, que no ceso de revivir en cada noche navideña.
El Papá Noel, ya sin careta, no era otro que mi abuelo. El mismo que un rato antes había mentido "que me voy a dormir, que estoy muy cansado". El mismo que me había dado un beso, antes de vivir la emoción final.
Hoy la vida me ha regalado un nieto. Y he vuelto a creer en Papá Noel.
Hoy soy yo quien se oculta tras el disfraz rojo y la barba blanca, para sorprender su inocencia con una bolsa de juguetes en la medianoche de Navidad.
Soy feliz al hacerlo, por qué negarlo.
Pero no puedo impedir que detrás de la careta se me escape una lágrima traidora, entre “¡Jo, jo, jo!” y deseos de felicidad.
Texto de leobrizuela agregado el 29-12-2007. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net
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