Ofrendas
Era mi yo
más vivo,
el imposible,
el de la tarde
que hospeda
un par de ecos
sobrevivientes.
Era mi yo
impronunciable,
ayer,
cuando nada era silencio
y la palabra
un olvido desesperado
entre mi pecho
y mi espalda.
Había en el mismo viento
un sabor a muerte
recién nacida,
había en tu boca
dos rostros
y en mi cintura
la noche
se levantaba soberbia...
es que de tus manos
caían infiernos
y de mi cuerpo
llovian
ofrendas.
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