Llega el momento de la alquimista.
Estoy empezando a besar el conocimiento,
me estoy dando cuenta
de que esta vacilación de los pre-orígenes es transitoria,
pues toda oscuridad se disipa cuando se entra en la luz.
No es fácil ser el resultado de una anexión inicua,
pero alguien apostó por mí,
alguien con los ojos repletos de lunares,
que me sintió como un milagro en medio del caos,
como algo bueno entre todo lo perverso.
Y hoy estoy aquí,
cómo he pasado tanto tiempo sin darme cuenta,
sin ver…
Pero no se puede tener buena perspectiva
sin espacio para movimiento.
Lo que ahora importa
es llamar a las cosas por su nombre,
sin miedos,
no más sombras, no más disfraces.
Hoy me deshago de esta arpía intolerante.
La miro, la reto, “no sabes amar” le digo,
y genero el sedicioso movimiento…
No hay nada casual en la consciencia.
Luego me desnudo completamente,
no tendré nunca más frío,
no temeré nunca más al frío.
Simplemente seré.
Sello el pacto, dicto la tregua,
puede que mi cuerpo tiemble como una hoja,
puede que parezca cada vez más pálida,
pero nunca me he sentido tan libre y luminosa…
Llueve en alguna parte ahí fuera, deseaba tanto esta lluvia…
Se acerca la noche más larga,
la noche de mi nacimiento.
Sábado, 22 de diciembre de 2007, 02:37
(Tras ver COMO AGUA PARA CHOCOLATE)
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