Apártate de la ventana
Sumérgete en las sábanas y vuelve a mi vientre
Postra tu virtud demacrada sobre mi ombligo
Y déjate castigar
Aléjate de la voz de los ternos y portafolios
Regocíjate de estar junto a mí
Deja que mi límpida mirada vislumbre tu culpa
Y déjate castigar
No serán barrotes ni rayas
Tampoco cicatrices ni lobreguez
El castigo será la mudez
Entonces languidecerás sobre mi ombligo sin saber porqué de la sangre
Y por favor no te sientas mal, querido mío
¿Acaso no nacen todos los hombres con barrotes en su frente?
No lo sé, sólo quiero ser inocente, al menos pretenderlo…
Aquí estoy querido, ¿sientes mi respiración sobre tu cuello desnudo?
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