Cansado de tantas batallas descansa aquel soldado. El tiempo ha cerrado sus nasales y parece que roncara al reposar. Sus ojos hundidos, decorados de lagañas, su dermis arrugada, su garganta apagada y labios partidos aun no han sucumbido al sueño. Con los ojos entre abiertos presiente que algo se avecina; algo conocido, familiar, cuyo frió ya conoce, que le ha rondado en tantas noches y acompañado en tantas guerras como invisible soldado, apreciado compañero. No se extraña. Le ha estado esperando y ha dejado el candelabro encendido para recibirlo.
La mecha de aquel fuego se agita raudamente como cediendo paso al desconocido. Un aire fétido, como niebla, lentamente se propaga.
- "Perdona que no me levante a recibirte y darte el beso de bienvenida...
Estas noches te he esperado despierto. He querido verte por última vez como antaño.
Hoy traes vacío el saco; quieres que mi alma lo llene de seguro. Pero dime ¿Por qué haz demorado?", pregunta el viejo con su voz quemada por los años.
-"Cuánto más demoro más reclaman mi presencia y soy bien recibido... tus hermanos de batalla han preguntado lo mismo."
- "Pero ven, ven Muerte, apenas puedo escucharte... Acércate... Siéntate junto a mí. No me importa tu aliento...Siéntate acá en mi cama...Ya no me importa tu frío...Déjame ver tu rostro... Sí... Sí, igual como te recuerdo... No tienes ojos pero sin embargo nos hallas. ¿Como nos puedes encontrar? ¿Como nos puedes sentir si apenas tienes huesos? ¿Como nos puedes escuchar si no tienes oídos?.. Ah, ah viejo amigo de batallas... por fin nos vamos a enfrentar."
- "No te resistas soldado, solo cede al sueño, cierra tus ojos y déjame llevarte al Arcano... Te mereces un descanso."
- "¿Acaso crees que me resisto a ti Muerte? No te he rehuido en tantas batallas... tú haz estado rondando siempre...No me resisto a ti. Solo que prefiero enfrentar despierto al enemigo... Sí amigo, eres mi enemigo en esta noche...Hoy no llenaré tu saco con almas ajenas. Hoy no te entregaré cuerpos muertos para que blanquees tus huesos... Pero ésta justa entre tú y yo es injusta... Tú también Muerte eres soldado...no usas yelmo ni coraza, pero tu manto largo y oscuro es tu armadura...Eres fuerte y no haz envejecido, el tiempo no tiene dominio sobre ti... Mírame... yo ya he envejecido... mis manos ya no pueden empuñar la espada, solo conocen a mi cayado... las fuerzas me han abandonado...estamos en diferente condición...", dijo el viejo.
- "¿Agradeces así a la Muerte el tiempo que te ha dado?... pude haber tomado tu vida en cualquier momento, pero he permitido que llegaras a viejo...vamos amigo, mi saco está esperando..."
- "¿Y llegas cuando ya estoy viejo?... ¿Por qué ahora?...si tan solo hubieras venido cuando era joven...entonces tenía la fuerza de cien hombres en cada brazo y mi espada hubiera destrozado tus huesos de un solo golpe…Escondes tu cobardía en nuestra debilidad... nos emboscas en el momento menos esperado o cuando las fuerzas han mermado... ¿Por qué no enfrentarnos de igual a igual?... Tú en tu caballo negro y yo en mi corcel blanco... espada a espada... mano a mano...cara a cara…", propuso el soldado.
- "¿Qué dices?... estás delirando... No puedes retar a la Muerte..."
-"Sería un encuentro justo. Dos soldados peleando por la vida. Si ganas entonces confirmarás tu supremacía, pero si yo gano entonces me das el derecho a la vida eterna... ¿que dices?...jamás haz sido derrotado... Déme la oportunidad de salvar mi pellejo... anda cúmpleme este último deseo"
- "No puedo devolverte la juventud anciano... Pero te concederé éste último deseo...Volverás a ser joven en tus sueños. Tus brazos serán los mismos de aquel guerrero legendario y montarás en tu corcel blanco...yo montaré mi caballo negro... es la única forma...podemos enfrentarnos en tus sueños... entonces me verás y pelearé como un hombre... Será un encuentro justo", dijo la Muerte.
- "Reunamos, entonces, en mis sueños en Megido; será una vez mas testigo mudo de una de mis justas...", propuso el viejo.
- "Ahora cierra los ojos lentamente... deja que el sueño caiga... yo estaré aquí, sentado junto a ti, y cuando duermas entonces me veras en tus sueños", finalizó la Muerte.
…
Megido, testigo silencioso de tantas batallas decisivas, era juez, enemigo y aliado.
Al fondo, un soldado joven en un corcel blanco agita su espada raudamente por los vientos. Su cinto, su coraza, su yelmo y su casco relucen en las llanuras bajas de Megido. Se ha preparado para la batalla. Su rostro sereno, su mirada quieta se ha cuajado por los años de combate.
El enemigo es distinto. Su caballo negro se confunde con el manto oscuro que rodea su cuerpo entero. Su espada ha perdido el brillo; manchas oscuras, casi rojas matan su reflejo. No tiene ojos, pero parece que mirará a su oponente fijamente. No lleva armadura ni yelmo, pero los huesos blancos de su cara son visibles a distancia.
- "Esta será mi última batalla. He deseado mucho este momento; retirarme victorioso de esta misma tierra...Joven otra vez. A ti Megido te ofrezco esos huesos blanquecinos; al amo y señor de las tinieblas."
Suavemente golpea a su corcel blanco en los costados para emprender partida hacia el enemigo. El animal se agita, emprende su embestida buscando a su oponente.
El caballo negro también ha entendido la señal de su jinete; sale prestamente con su paso acelerado.
La distancia se acorta entre los oponentes...
Van agitando su espada por los aires...
Se acercan...
Aferran el brazo a la espada...
Dan un golpe certero...
...
Un extraño cuerpo cae a los brazos de Megido...
Un animal sin jinete trota por los pastos...
Un vencedor agita su espada a los vientos...
El soldado en el corcel blanco se dirige adustamente hacia el cuerpo caído. Desmonta, camina y le mira fijamente.
- "¿Como saber si estas muerto Muerte si ni siquiera respirabas? Ni corazón tienes. Incluso tus huesos siguen fríos. Voy a desprender cada hueso de tus partes con mi espada y los esparciré por estas tierras.", exclama el soldado.
…
En la habitación, el viejo soldado sigue dormido. Una extraña sonrisa se dibuja entre sus labios.
El desconocido está como esperando sentado en el mismo lugar de la cama. Se levanta, toma su saco y mirando hacia el viejo moribundo susurra algo a sus oídos:
"Ah!! Viejo amigo. El hombre nace, vive y muere para mí. Solo en tus sueños puedes vencer a la Muerte. Te he concedido tu último deseo, ahora déjame tomar tu alma".
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