No recuerda dònde vivìa cuando cumpliò los quince años. Lo pensò cada vez màs, desde los cincuenta para acà, y los resultados son hoy parte de una rutina intelectual que incluye un nombre: Solìs. Ciertas madrugadas, elegidas unas y ofrecidas por la oportunidad, las màs, comenzaba sus recuerdos sobre los quince, evocando a aquel hombre de tez suavemente morena, de hablar pausado y con cierta ronquera de tabaco, de mirada con un brillo sin parpadeos, como un faro aburrido.
El està ahì, parado frente al segundo refrigerador de Solìs, abierta la gran puerta del Ferrosmalt, viendo còmo le ofrecìa una botella de coca-cola mediana, de aquellas de largo cuello, bien frìa, e introducìa otra en su lugar, antes de cerrar la puerta.
Su madre le dijo que sì, que lo conocìa.
-El fue una noche al Gato Negro y la viò a la Soledà. Se ocupò y ella se enamorò. El trabajaba en el puerto de Fray Bentos, ganaba bien, pero no querìa mujer. Pero la Sole es la Sole, asi que nos dijo:
-"Me voy pa Mercedes. Vine acà y con el ùnico que pasè a la pieza, me enamorè como una gila. Asi que me voy. Voy a poner un bar en Mercedes. La que quiera seguirme..."
Su madre viajò a Mercedes y èl con ella, pero no puede saber si entonces tenìa ya quince años.
"...eso sì, ninguna de ustedes se me ocupa con Solìs. Tènganlo claro"
Lo viò matear, una mañana que meò algunas plantas del patio, antes de vestirse y recièn salido de la cama. Solìs era una estatua de un raro metal, vestido con un pantalòn que flameaba lentamente bajo sus muslos. Soledad, envuelta en una bata y con el cabello envuelto en un toallòn anudado ostentosamente -asì la recuerda-, sentada a su lado, sobre una silla de varillas de metal torneado, era una esclava de amor que no permitìa que nadie azuzara una mosca, tan siquiera, que pudiera importunarle. Lo adoraba y por eso no atendìa clientes en los tres dìas previos a que Solìs llegara a la casa.
Siempre las mismas conclusiones: nunca seguridad y cada vez màs dudas. ¿Tenìa quince ya cuando Solìs le dijo a Soledad que se ocupara con èl, que lo iniciara?
A Soledad le sobraba decisiòn para hacer lo que Solìs le sugiriese, tan sòlo. Asi que hizo que su madre se quedase en el bar, atendiendo a los cargosos de siempre, a los clientes sabios que buscaban a Soledad ni bien Solìs se iba, porque sabìan que la iban a encontrar muy excitada, y cuando todo quedò a oscuras en aquel rancho del fondo, a èl se le hizo la luz. Desde entonces, el deseò ver llegar a Solìs.
Lo que no se atreve a dilucidar es si para entonces ya habìa cumplido los quince.
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