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La escerción cap5 \"El elfo y el sexto\"

La mañana llegó en el cuarto día desde que Alduris, Garndred y Losgan arribaran a la ciudad de la frontera del sudeste de Naignárid. En Sarlos los elfos acompañaban a los hombres en las duras faenas que requerían mayor atención en los campos circundantes (sobre todo la restitución de las casas exteriores, destruidas en su mayoría) y asistían a los heridos en las casas de curación, empeñando toda su habilidad para salvar a los más graves. Muchos hubiesen muerto de no ser por la ayuda de los Anarassar, dedicados médicos, aunque no tan hábiles como los hombres; pero hubo muchos para los que esta dedicación o esa habilidad no fueron suficientes y abandonaron el mundo en la noche, para situarse junto a los creadores.

Las manos de Garndred mejoraban rápidamente y casi no le dolían, también mejoraban las costillas rotas de Losgan, pero por otro lado, la pierna herida de Alduris empeoraba notablemente. Parecía ser que el Hakenn que había cortado al elfo llevaba la hoja de su espada envenenada y la ponzoña al fin hacía su efecto; nunca se había tenido evidencia concreta de este tipo de prácticas entre los Hathenn, siempre habían sido habladurías. Si bien no eran muchos los envenenados en Sarlos, eso no impidió que se hablara de más sobre sus peligrosas sustancias y demás preparados de mortales efectos. Los más conocedores de la ciudad sospecharon desde un principio que se trataba de los efectos de una planta local, la llamada Susina,(no tardaron en confirmarlo) de savia muy aceitosa, que solía aplicársele a los hierros para impedir su oxidación o como un lubricante efectivo; era bastante probable que algunos de los Hathenn, conocedores de tales propiedades, la hubiesen machacado para untarlas sobre sus armas, pero sin saber (aunque tal vez sí) que las flores y bayas poseen sustancias muy nocivas para la salud.

Pasaron las horas en la casa de curación, Losgan y Alduris estaban recostados lado a lado y Garndred los observaba a intervalos sin dejar que nada les falte: mantas, alimento, agua, o atención médica tuvieron cuando lo desearon o requirieron.

El enano se mantenía recostado boca arriba, sin su armadura, obviamente, porque le hubiese resultado del todo imposible ser tratado, y porque estaban reparando las hendiduras en una herrería local. Por primera vez Alduris y Garndred podían verlo sin vestirla y a veces parecían desconocerlo. Su cuerpo se veía más pequeño y proporcionado, aunque era muy robusto de brazos y amplio de pecho y espalda; por momentos, sin embargo, su cabeza parecía perderse en la espesura de su cabellera y sus barbas aún más que antes.

A su lado, Alduris se había mantenido lúcido todo el tiempo, pero pasando el mediodía había comenzado a sentirse mal y adolorido, sufriendo náuseas, migraña y constantes mareos. Hacia la tarde su estado se había agravado y empeoraba con cada momento que pasaba, su pierna estaba tomando un color morado, como de una magulladura, a una velocidad alarmante, partiendo desde las articulaciones; parecía que la sangre no circulaba en absoluto en la zona afectada.

Por lo pronto no había mucho que los médicos locales pudieran hacer para tratarlo por la falta de antídoto, que había sido consumido el día anterior cuando varios Nagnárdos se presentaran a tratar los inicios de los síntomas que tan graves se desarrollaban ahora en el elfo. No era el único en una situación tan comprometida y había un estado de alerta general en cuanto al caso; por doquier habían sido enviadas compañías de personas para que hallaran el antídoto, pero era algo por demás difícil, puesto que necesitaban del fruto de una planta llamada Gassit, que estaba en capullo todavía, que florecía hacia mediados de la primavera, y que daba sus frutos recién hacia el comienzo del verano. Ante estas dificultades, debían hacer lo posible usando el capullo sin abrir, que si bien gozaba de las propiedades curativas del fruto, no contenía tanta cantidad de la sustancia como para sanar tan prontamente como era necesario a los afectados.

Tal era la situación de Alduris, y pocas horas después de que su pierna llegara a ese estado, comenzó a apartarse de la realidad y a dormitar. Al notar esto, Garndred y Losgan llamaron a los elfos y a los médicos Nagnárdos que ayudaban a los heridos para que lo asistieran lo antes posible. Le procuraron nuevas curaciones de todo tipo: para infecciones, venenos y enfermedades, pero no parecieron servirle de mucho; lo que él necesitaba era el fruto de Gassit y todavía no habían traído nada a esa casa de sanación, donde había también otros dos afectados, aunque menos graves. En poco tiempo el elfo se perdió en la fiebre y dejó de escuchar a sus amigos, que trataban de ayudarlo; los sanadores sospechaban que no resistiría un día más sin no hallaban algo de la rara planta con la capacidad de salvarlo y se la aplicaban en la herida y se la daban para ingerir. Y ninguno de los grupos que habían salido en su búsqueda regresaba.

La puerta de la gran habitación donde se encontraban los heridos se abrió de golpe y entró un Anarassar con un brazo vendado desde abajo del codo hasta arriba del hombro, era Manros. Caminó por toda la sala viendo a los heridos y hablando con sus gentes, le costaba respirar porque el aire viciado se mezclaba con el incienso y formaba un olor asfixiante, pero lo soportaba sin quejas. Llegó hasta la cama de Alduris y lo miró un instante sin reconocerlo, el joven elfo no parecía el mismo en ese estado tan grave y el capitán Anarassar tardó en darse cuenta de quién era. Cuando lo hizo, cayó de rodillas a su lado, estupefacto, y contempló su rostro perturbado sin entender qué le ocurría, pues había batallado a su lado hasta el último momento sin recibir una herida ¿Por qué ahora se debatía entre la vida y la muerte?

Miró alrededor y se encontró con que Garndred era quien le procuraba los cuidados más cercanos y lo vigilaba.

-¿Qué paso?- le preguntó desconcertado.

-Una espada Hakenn lo alcanzó en la empalizada hace un par de noches, no se había quejado hasta ayer, pero tampoco fue a curarse. Parece que la hoja estaba envenenada-

-¿Dónde lo hirieron?-

-En la pierna, la espada cortó a poca profundidad- contestó Garndred.

-¿Quién lo está atendiendo ahora?-

-Algunos elfos vienen y lo ayudan a su modo, pero no mantienen constancia en los tratamientos que usan ni tampoco son constantes los que vienen a tratarlo. Dicen que se necesita una medicina especial y no la consiguen-

Manros lo observó unos segundos, sin creer que a un guerrero tan sobresaliente se lo tratase con tal falta de atención. Muchos contaban ya sus hazañas y componían canciones y poemas acerca de la importancia de sus logros, mientras que otros lo estaban dejando morir en un lecho olvidado.

-¡Anarassar!- gritó, y los elfos de la sala acudieron a su llamado -¿Quién está tratando a este soldado?- preguntó.

Más de media docena de elfos dieron un paso al frente para mostrarse como los sanadores de Alduris. Manros los observó uno a uno y comprendió entonces uno de los motivos por los que se encontraba en ese estado, los escasos médicos no podían procurar todo su tiempo y atención a un solo herido, había muchos más que los requerían con más urgencia y probablemente su falta de insistencia en la búsqueda de Gassit estaba contribuyendo a la condena del elfo; y eso tenía su razón de ser, de los tres afectados de entre las decenas de heridos graves que había allí, los otros dos andaban bien y no requerían gran cuidado.

-¿Quién es el más hábil médico en esta sala?-preguntó, todos buscaron entre los sanadores y al fin la mayoría señaló a un alto elfo del frente, de aspecto serio, tenía la ropa y las manos bañadas en sangre -ven conmigo- le dijo -el resto de ustedes vuelvan a sus labores- los Anarassar se dispersaron presurosos y Manros fue con el médico junto a Alduris.

-¿Cómo te llamas?- le preguntó.

-soy Rimen, de Emend, señor-

-Rimen: este soldado me salvó la vida en la batalla de anoche y probablemente fue quien logró que saliéramos airosos. Seguramente lo conoces- el médico asintió con un grave respeto -procura que se recupere-

Rimen observó la herida detenidamente una vez más, pues en algún momento del día ya lo había hecho, y arriesgó su perspectiva, similar a la que varios otros ya habían presentado.

-El corte es de una falange de profundidad y el veneno no parece haber entrado en cantidad, tal vez por eso es que ha resistido tanto, pero necesita ser tratado con Gassit, señor, porque no aguantará mucho más. Aunque ya no queda en la ciudad y los que salieron a recolectar no han vuelto-

-Procura retardar el efecto entonces, yo te traeré tu Gassit-

El Anarassar contempló a Manros unos segundos, sorprendido por su severo semblante, que tan pocas veces se dejaba ver, asintió con un gesto nervioso, era evidente la seriedad del asunto. Entonces se retiró de la sala y salió a organizar a sus tropas para la partida, que sería en siete días. En la sala quedaron Garndred y Rimen junto a Alduris. El médico le observó un poco la pierna y no pudo ocultar su gesto de frustración al encontrarla tan ennegrecida y rígida.

-Es algo muy delicado lo que me piden- dijo con un aspecto de abatimiento difícil de disimular -el veneno está haciendo su efecto desde, por lo menos, hace día y medio. Voy a hacer todo lo que pueda por darle tiempo, pero para alguien con mis conocimientos y recursos va a ser un verdadero reto, casi una causa perdida. Aunque consiguiéramos el antídoto, tal vez sea tarde para plicárselo. Deberíamos encontrar un animista-

-¿Hay alguno entre ustedes?- preguntó el joven.

-Cuatro vinieron, aunque uno decidió combatir y murió, los otros deben estar rondando las casas de curación. Ve a buscar alguno lo antes posible-

-Muy bien- respondió Garndred, mientras corría entre las camas hasta la salida cuan veloz sus piernas le permitían.

***

Alduris soñaba con un mundo extraño. Era un paisaje muy luminoso, de arena clara y suave, y rodeado totalmente de bruma y nubes, más bien como si emergiera de ellas. Los tonos blancos y pastel claro eran los únicos distinguibles en el lugar, y eran realmente molestos para la vista hasta que lograba acostumbrarse.

El elfo parecía consciente dentro de su propio sueño, sabía que en realidad no estaba ahí y esperaba despertarse pronto, pero extrañamente las cosas e parecían palpables a un nivel superior que en sueños anteriores, y el momento de revelación dentro de la consciencia, que siempre es predecesor del despertar, se estaba prolongando en demasía como para ser algo normal.

-Este sitio me incomoda- pensó -hay una sensación extraña en el aire y no sé de qué se trata... parece como si estuviese en un lugar real... -

Caminó unos minutos entre la niebla sin llegar a ningún lugar diferente, mirando a todos lados, pero sin notar nada sobresaliente. La pierna herida no lo molestó en ningún momento, aunque realmente no le prestó demasiada atención.

-¿Qué clase de sueño es este?- se preguntó

-¿Dónde estoy?- gritó entonces, y sintió el eco de sus palabras por todo el lugar.

Estaba desconcertado, no entendía lo que ocurría y no había una salida aparente de ese sueño o lugar. El ambiente tranquilo y quieto parecía de una paz irrompible y a fuerza de serenidad se volvía enloquecedor.

-¡¿Qué hago aquí?!- gritó enojado, y sintió su voz elevarse estridente prolongándose con un eco cada vez mayor.

Se hizo un silencio de repente y una brisa leve sopló a la espalda del joven Anarassar.

-Tiene su propósito- le dijo una voz desconocida, pacífica, pero poderosa.

Alduris giró y se encontró frente a frente con una presencia abrumadora. Cayó de rodillas y miró hacia el suelo con una mezcla de temor y seguridad que lo confundía aún más y lo llenaba de preguntas que sabía que no podría responder en palabras, pero que sentía respondidas desde el momento de formularlas. Así pasó unos minutos, hasta que sus fuerzas volvieron poco a poco y le permitieron alzarse para contemplar al ente extraño que se manifestaba frente a él.

Su cuerpo tenía forma del de un hombre normal, pero era blancuzco, casi transparente, en su totalidad y se alzaba gigantesco entre la bruma, confundiéndose en ella; era como si creciera y sus miembros se ensancharan mientras Alduris lo contemplaba, adquiriendo sustancia y consistencia también a sus ojos. No aparentaba tener rostro, solo unas sombras mostraban una especie de facciones que también se confundían en la blancura de la figura y el entorno. Estaba totalmente cubierto por una especie de armadura en un principio transparente, que se notaba de cierta forma en su traslucidez y parecía deformar las imágenes que se veían a través de ella, sin embargo también adquirió pronto consistencia, revelando las formas reales de las partes que la conformaban, armoniosas pero agresivas a la vez, con pequeñas placas adornadas que parecían más sólidas y se veían más oscuras.

Alduris permaneció arrodillado frente a la figura, temeroso de moverse o hablar, incluso de respirar. El inmenso ente se mantuvo a su vez inmóvil frente a él, con su porte impresionante volviéndose más y más abrumador con cada segundo que pasaba. Al fin habló.

-No hay motivos para temerme- dijo con una voz ahora cálida y reconfortante; el elfo logró entonces mirarlo al rostro y en esos momentos dejó de temer -hay un propósito por el cual has llegado a este sitio. Deberás cumplir con ello en el futuro- le dijo con una gran frialdad.

-¿Qué propósito es ese?- preguntó el elfo, más bien masculló.

-Cumplirás con mis designios en tierra y crecerás para el principal evento del que tomarás parte-

Alduris miró a la imponente figura frente a él y se decidió a preguntar sobre algo que lo intrigaba demasiado.

-¿Quién eres?-

-Lo sabes... te he hablado antes y he utilizado tu voluntad a mi necesidad ya tres veces-

Alduris lo contempló pasmado, en la cueva de los Enurcos, disparando la flecha a Logregard y en la batalla, combatiendo junto a Manros, había sido siempre este ente que lo había utilizado
-Entonces... ¿Eres uno de los Seres?.. -

-El sexto, nacido de la existencia de los cuatro creadores. Soy el amo de la vida en el mundo que habitas -

-...Dilnos... - susurró Alduris -¿Cómo es posible que me encuentre hablando con uno de los Seres?-

-Ha sido seleccionado por tu carácter y por tu espíritu, por tu propia voluntad. Aunque no lo sepas-

-¿Y cómo es eso?- preguntó el elfo, entendiendo muy poco de lo que el amo de la vida le decía.

-Te has destacado siempre del resto de los elfos, fue el hecho que logró definirte. Trascender las limitaciones de tu condición y origen para crecer no es típico de un elfo. Es esa tu principal diferencia con todos los demás, el motivo de que tú fueses elegido y no otro para llevar a cabo mi voluntad, fue tu espíritu libre, como el de un hombre, encerrado en el cuerpo de un elfo -

-Entonces, ese fue el gran motivo de su elección, el espíritu libre... - susurró el elfo, contrariado - me ha causado grandes problemas... el deseo insaciable de aprender, lograr habilidades que a mis compañeros costaban varios años en poco tiempo, esa curiosidad excesiva, ese interés por los pequeños asuntos que no se supone que deban preocuparme ¿Son todos frutos del espíritu humano?...- hubo una pausa silenciosa que duró unos segundos -me ha causado exclusión y soledad muchas veces-

-Tu persona está más allá del resto de los elfos de Ildon. Lo estará mientras mantengas tu espíritu claro-

-Es que no entiendo para qué puedo utilizar estos dones que dices tengo, si no me han servido para más que soledad y problemas-

-Te han beneficiado, Alduris, pero aún no sabes cómo. Por esos dones te acompañan varias personas que serán de extrema importancia para el futuro y ejercerán roles importantes en la Escersión de Igrint-

-Entonces dices que mis compañeros serán parte del parpadeo de Igrint-

-Todos lo serán, pero ellos tendrán, tanto como tú, responsabilidad implicada en su llegada. Pero también antes de ella, deberás prepararte para los días que vendrán. Irás a lo profundo del bosque Colmadhir a esperar una nueva orden-

-¿Qué sucederá con Losgan y Garndred?-

-Procura que te acompañen de regreso a Ildon-

-¿Y cuál es el motivo de que haya sido llamado para cumplir su voluntad en tierra? ¿Qué sucederá?-

-Se avecina el mayor peligro que jamás se haya presentado en Ilniari- dijo Dilnos.

-¿Qué tipo de peligro?-

-Malnus y un mal oculto-

-¿Malnus?... Losgan lo mencionó, Logregard le dijo que su líder era Malnus- recordó el elfo -¿Quién es Malnus?- preguntó entonces.

-Es la maldad con cuerpo-

-¿Para qué debo ir al bosque? No entiendo lo que debo hacer-

-El transcurso de los hechos te dará tu respuesta, y el tiempo va a forjar tu espíritu para estar preparado- aseguró Dilnos al fin -no volverás a hablar conmigo, ni recibirás más ayudas. Tus preguntas las anularás solo, en el momento que corresponda, desde ahora todo lo harás solo-

La bruma del lugar comenzó a disiparse y la arena se oscureció a los pies de Alduris. El elfo se asustó y llamó al Ser, aunque sin recibir respuesta. El lugar se volvió negro de repente y perdió la noción de lo que ocurría.

***

Alduris sintió de repente un dolor muy profundo en la pierna y un cansancio abrumador que invadió su cuerpo completamente. Abrió los ojos y se encontró con Garndred frente a él. Miró alrededor, estaba en una habitación llena de camas y gente herida. En el fondo notó a Amalrod, discutiendo con un hombre muy mayor vestido con una túnica verde, a su lado estaban Manros y Losgan.

-¿Qué intentabas hacer?- le gritaba Amalrod al anciano, mientras que los otros dos, a pesar de estar ambos heridos, intentaban detenerlo para que no lo golpeara.

-Solo quise ayudar, señor. El buen Ghemil aún recuerda muy bien cómo curar a la gente- respondió indignado.

-Llévenselo, por favor- pidió Amalrod, enfurecido, y antes de que los guardias le pusieran una mano encima, el tal Ghemil ya se había escabullido de la habitación como una serpiente.

Alduris se incorporó con ayuda de Garndred.

-¿Qué me pasó?- le preguntó.

-Fue la herida de tu pierna, casi te perdemos por el veneno de la espada del Hakenn. Detener los efectos fue todo un trabajo. Conseguimos que un animista te tratara y logró salvarte cuando la muerte parecía llevarte, pero solo retrasó el efecto de los venenos y debimos esperar a que consiguieran algo de una planta que lo anulara. Y cuando aparecieron con ella, pareció que ya era demasiado tarde, pero el animista te salvó al final, aunque dice que no hizo mucho… terminó de tratarte ayer- contestó el joven Nagnárdo.

-¿Hace cuánto que duermo?-

-Dos días- respondió el joven, Alduris se tomó la cabeza.

-¿Era ese vestido de verde?- preguntó.

-No, ese se llama Ghemil. El que te salvó, un tal Amfir, tuvo que irse hace un rato porque estaba atendiendo a Ceregrair, el otro comandante Nagnárdo- explicó.

-¿Qué le sucedió?-

-Fue envenenado también, pero está en mejor estado que tú- hicieron silencio unos segundos.

-Entonces ¿Quién era el de verde? Parece que tenía problemas con Amalrod- comentó Alduris al cabo de unos segundos.

-Es un tipo que le roba dinero a la gente junto al hombre que gobierna esta ciudad. Quiso intervenir en tu curación para redimirse ante Amalrod y él casi lo mata a golpes-

-Entonces Amalrod se encuentra bien- dedujo Alduris.

-Mucho mejor de lo que cualquiera pudo prever. Será, al parecer, el nuevo gobernante de Sarlos. Ha expulsado a Ergol del gobierno de la ciudad a poco de terminada la batalla y pronto lo mandará al exilio. Decidió tomar las riendas aquí y con discutir el asunto una tarde con sus capitanes le bastó para expulsar a Ergol del gobierno. El consejo va a mostrarse favorable a él, dicen que iba a pasar en cualquier momento-

-Eso es muy bueno, al parecer Amalrod es muy importante entre su gente... - dijo el elfo, con renovada admiración -explícame una cosa ¿Qué clase de hombre es ese Ergol, para que quieran exiliarlo?-

-Parece interesarse solo en el dinero y en sus asuntos, además vive borracho o intoxicado. Amalrod me dijo que quiso dejar la ciudad en medio de la guerra y que por eso lo ha expulsado del poder-

-¿Solo por eso? Creí que habría más motivos, luego de ver a Logregard de frente, cualquiera lo entendería-

-No, por supuesto que no fue solo por eso, fue también por hechos que, según Amalrod, mejor será olvidar-

-Si así él lo dice... -

Desde el otro lado de la habitación se oyó un grito estridente de alegría.

-¡Alduris! ¡Está despierto!- exclamó Losgan, escandalizando el lugar, y corrió junto con Amalrod y Manros hasta la cama del elfo.

-¡Ha! Yo sabía que iba a recuperarse- festejó el enano, alegre, acariciándose satisfecho las barbas -de lo contrario no hubiese podido pagar mi deuda-

-¿Tu deuda?- le preguntó Alduris riendo -no lograrás saldarla si la suerte está a mi favor y muchos otros obran a mi bien- dijo el elfo, recordando a Dilnos sexto -te quitarán la oportunidad-

-¿De qué hablas?- le preguntó Garndred, pero Alduris no quiso contarle sobre su conversación con el Ser, en vez de eso pasaron el rato discutiendo sobre otros temas más triviales.

La tarde se fue así y la charla finalizó. Manros y Amalrod salieron a ocuparse de sus labores y solo quedaron Alduris, Losgan y Garndred en la habitación. El elfo se enteró de que los Anarassar partirían a Ildon en solo cinco días y que tendría el tiempo suficiente para sanar y acompañarlos. Losgan estaba decidido a seguirlo, a pesar de todo, hasta cumplir su juramento. En cuanto a Garndred, no se sabía qué sería de él, Amalrod le había ofrecido albergue y trabajo en su hogar, una excelente oferta, pero como no deseaba separarse de sus amigos, que seguirían juntos a Ildon (si tal cosa era posible) había decidido, casi definitivamente, acompañarlos.

Alduris pasó el resto del día y parte de la noche pensando en la breve pero trascendental conversación que mantuviera con el Ser, intrigado por muchas cosas. No conocía el tipo de misión que le esperaba ni el motivo por el que debía viajar al bosque Colmadhir en el sur; y lo que era de mayor importancia ¿De qué hablaba cuando se refería a Malnus o al mal oculto? Pensando vaguedades comenzó a dormirse, aún tendría cinco días para explorar estos temas al máximo antes de partir, aunque poco tiempo le tomó dejar de cuestionar los hechos y aceptarlos. Entonces se calmó y logró dormir.


Texto de NakaGahedros agregado el 09-01-2008.
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