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OmniPotente Tal vez sea mejor que se quede en casa, pensó mientras enjuagaba el rastrillo y sonreía satisfecho. De manera automática, el estruendo hizo que —sorprendido— contuviera la respiración y dejara de afeitarse. Asustado, pero sin pánico, contempló en el espejo su imagen rota y la gran mancha roja que lo empapaba y que rápidamente devoraba el blanco de su camiseta perforada. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net |