Inseparables desde niños Ramón y David compartieron juegos y diversión para los demás y su pecado, sólo para ellos, bien oculto.
Al acabar secundaria Ramón partió a la capital para estudiar en la universidad. Pensaron que David podría sustituirle, mientras éste estuviera fuera, en las labores agrícolas de la que quería fuera su nueva familia. Los padres de David no opusieron nada, sólo algunas palabras que eran más de alivio que de despedida.
Mil cartas, mil llamadas no bastaban. A Ramón la distancia le hería cada vez más. Pero aun peor era cada regreso. Ahora podía ver que David no se conformaba. No atendía sus súplicas de irse lejos. Había dejado bien atrás las palizas y el desprecio y empezaba a dejarse querer por la pelirroja hermana de Ramón. "Es tierra firme".
Ramón ardía en su infierno: "Ven este fin de semana que tu hermana y David tienen una sorpresa para todos".
Entró por la ventana de su dormitorio tras escalar el viejo nogal. Bajó lentamente las escaleras hacia el salón de donde venía el ruido de la conversación. Se detuvo ante la puerta y la abrió de golpe. El pelo teñido de rojo y su gran envergadura bajo el vestido de su hermana permanecieron parados unos segundos. Todos permanecieron inmóviles. Entre lágrimas Ramón avanzó hasta David y lo besó: "Adiós".
Nadie corrió tras él. Nadie vio cómo se hundía paso a paso en la poza hasta que no quedó visible ni una hebra de fuego. |