Capitulo IX
(Noche de fuego)
Durante el atardecer el Rey Hector había solicitado la prometida ayuda al Rey Richard del bosque negro, quien inmediatamente envío todo lo solicitado por el Rey Hector. Centenares de arcos y millones de flechas llegaron junto con 500 hombres armados dispuestos a dar todo para triunfar. Además Richard envío un mensaje que decía:
“Estimado Rey Hector de Gawain, al unir vuestras fuerzas he cometido una alta traición a Darkshire, pero estoy convencido de que he hecho lo correcto. Procura vencer por la paz de vuestros pueblos y de toda Bretaña; que la suerte este de tu lado”.
Al caer la noche, ambos frentes se prepararon para una obvia batalla, Darkshire pretendía dar un golpe letal atacando por sorpresa en la temible oscuridad de la noche y Gawain estaba esperando impaciente y mejor armados que nunca para contraatacar.
En total silencio, los guerreros de Darkshire se fueron acercando muy lentamente y acarrearon con ellos unas enormes catapultas con las que pretendían destrozar a todo lo que se ponga enfrente. Mas silenciosos y cautelosos los guerreros de Gawain se instalaron en las puertas del castillo, formando así un gran escudo humano, que no sedería ante ningún ataque y que además estaban protegidos por numerosos arqueros listos para lanzar sus ardientes flechas.
La batalla había comenzado, la orden de atacar se dio con el primer golpe que dio una enorme roca contra la pared frontal del castillo, al cual no lo daño en lo absoluto pero mato a muchos al caer sobre el apretado batallón que aguardaba con impaciencia salir a matar.
El combate cuerpo a cuerpo se hizo mas sangriento que nunca, bajo la escasa luz de la luna en ocasiones no se reconocía entre amigo o enemigo, la consigna era matar o morir. Afortunadamente para Gawain empezaron a llover desde lo mas alto del castillo los encendidos flechazos que mataban vorazmente a sus desprevenidos enemigos, además el fuego que ardía iluminaba el campo de batalla. Las enormes catapultas no paraban de arrojar enormes rocas que se despedazaban contra los fuertes muros del castillo y amenazaban con derrumbarlos. Los enormes fragmentos de roca seguían golpeando duro a quienes estaban debajo, quienes no tenían escapatoria a tan cruel muerte. Ambos ejércitos estaban siendo masacrados en el frente y por la retaguardia, la cantidad de cadáveres era tal que entorpecía la lucha y no permitían que los heridos se reincorporasen para regresar.
Al ver todo eso, el Rey Hector ordeno retirar lentamente a sus hombres y aumentar considerablemente la cantidad de flechas arrojadas. El combate cuerpo a cuerpo había sido devastador para ambos, pero Darkshire tenia una gran diferencia en cuanto cantidad de guerreros, y si continuaba de esa manera Gawain seria sin duda derrotada. Es por eso que el Rey Hector debía sacar diferencia en otro aspecto de la guerra, de lo contrario nunca podría vencer a tan enorme masa de gente.
Una vez retrocedido gran parte de sus hombres, Hector ordeno ejecutar un ultimo plan que los arqueros del Bosque Negro ejecutaron con perfección. El plan consistía en lanzar flechas sin fuego con una trayectoria mas alta de lo común, como tardarían varios segundos de mas en caer sobre los enemigos, daría tiempo a lanzar nuevamente las rasantes, ardientes y ya comunes flechas.
Los Guerreros de Darkshire avanzaban rápidamente y confiados, Gawain retrocedía, sus flechas eran fáciles de divisar en la oscura noche, testigo de una nueva victoria del ahora mas poderoso imperio. Con cada paso que realizaban su confianza crecía y se sentían mas victoriosos que nunca. Corrían y gritaban con todas sus fuerzas, se detenían ante cada lluvia de flechas y se cubrían con sus amplios escudos, para luego seguir avanzando hacia la invasión.
Pero todo eso cambio cuando se puso en marcha el plan de Gawain, porque luego de cubrirse de las visibles flechas de fuego, los malignos guerreros se descubrieron para seguir avanzando, y en ese momento cayeron ferozmente las silenciosas e invisibles flechas desde las alturas, matando a una asombrosa cantidad e hiriendo a muchos. Los sobrevivientes seguían avanzando con todas sus fuerzas, ahora, a paso lento pero firme, entonces el plan se repitió y dejo nuevamente un gran saldo de víctimas. Confundidos y asustados los demás decidieron retirarse. Prefirieron enfrentar la ira de su propio Rey.
La batalla había dejado enormes cantidades de muertos, las enormes pilas de cadáveres se amontonaban por todo el campo; donde tiempo atrás brillaban las flores hoy reinaba la muerte. Era tal la cantidad de víctimas que ambos Reyes, a través de sus negociadores de guerra, llegaron a un acuerdo para detener la intensa guerra por todo un día para así poder retirar a sus muertos y darles su merecido funeral.
Habían pasado varios días de una desgastante guerra, que parecía que iba a durar por años. Las ansias de terminar de una vez por todas con la maldita matanza eran cada minuto mas grandes. Los habitantes de ambos pueblos no podían tolerar la terrible situación, de perder a sus jóvenes hijos, sus esposos y aquella feliz vida que habían tenido. Los niños no querían quedarse sin padres, querían vivir nuevamente en paz, como siempre lo habían hecho.
En las ciudades reinaba el miedo y la preocupación, la sombra de la muerte y el sometimiento vivían en cada hogar, el interrumpido sueño lleno de pesadillas, las interminables noches de fiebre y dolor, y ese sentimiento de sentirse un insecto a punto de ser aplastado, estaban terminando con la moral de los pueblos. Algo debía cambiar pronto, la situación debía ser revertida, y a la guerra debía llegarle su fin.
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